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Recensión del libro: La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea









Recensión del libro:
 La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea


Autor: David Garland
Traducción de Máximo Sozzo.
Editorial Gedisa, Barcelona, 463 páginas.
Primera edición: 2005


Celia R. M.
Tendencias Materiales De La Violencia Y La Percepción De Las Víctimas.

 nota:7,5/10

1.    Introducción.

La cultura del control forma parte de un proyecto colectivo de investigación debe su existencia a la base ofrecida por la obra de autores específicos y sobre todo  a las grandes transformaciones operadas en los campos penal y social y a los trascendentes efectos experimentados por todas las partes involucradas.

2.    Fenómenos estudiados en el libro comunes a la investigación criminológica general.
-          un incremento del número de delitos.

-          un incremento proporcionalmente mayor del miedo al delito entre la ciudadanía.
-          un incremento de la población penitenciaria proporcionalmente mayor a los dos anteriores.

3.    Objetivo principal del proyecto.

El objetivo fundamental de este proyecto es desarrollar una comprensión crítica de los discursos y prácticas de control del delito que recientemente han comenzado a caracterizar a una serie de sociedades contemporáneas. Más aún, pretende observar el campo actual desde una perspectiva histórica, contrastando su estructura reconfigurada con los dispositivos que existían previamente, señalando los cambios importantes en sus valores dominantes, sus estilos de razonamiento y su orientación estratégica.

4.    Objetivos secundarios

-       Análisis concreto de los desarrollos sociales, culturales y criminológicos que se han producido hace poco en Estados Unidos y Gran Bretaña; junto con una descripción del campo de control del delito, una narrativa genealógica de su emergencia y un análisis de los discursos y estrategias centrales, con tal de interpretar sus funciones e importancia social. 

-       Revelar la extensión y profundidad de los cambios históricos de carácter estructural e infraestructural (en algunos casos) que se han producido. 

-       Examinar, en términos generales, las relaciones entre los desarrollos en el campo del control del delito y los desarrollos en campos sociales contiguos, particularmente en la economía, la política y las políticas sociales.



5.    Bases del libro (precedentes)

Este libro se funda en sus dos libros precedentes:
 
-       Punishment and Welfare  (Castigo y bienestar): descripción del ascenso de la justicia penal  welfarista en el siglo XX.

-        Punishment and Modern Society  (Castigo y sociedad moderna): teoría social del castigo basada en los elementos culturales y políticos de las instituciones penales.
-       Aparato teórico, utiliza conceptos de Bourdieu (ej.: Habitus, campo social) y está influido por Foucaut.

6.    Partes y estructura del libro
Prefacio
 Prefacio a la edición en español 
I.              Una historia del presente
II.             La justicia penal moderna y el Estado penal-welfare.
III.            La crisis del enfoque penal moderno
IV.           Cambio y orden social en la modernidad tardía 
V.           El dilema político: adaptación, negación y acting out .
VI.           El complejo del delito: la cultura de las sociedades con altas tasas de delito
VII.         La nueva cultura de control del delito
VIII.       Control del delito y orden social  
Apéndice
Notas
 Bibliografía
 Índice onomástico y de materias








7.    Resumen por capítulos

El primer capítulo detalla los indicadores de cambio en el ámbito del control social próximo a la modernidad tardía. Estos indicadores se desarrollan en los capítulos siguientes.  

El segundo capítulo informa al lector del sistema penal que fue dominante hasta finales de los 70, para explicar, posteriormente de manera que se entiendan en profundidad, las características de la justica penal moderna y el Estado penal-Welfare.  

El tercer capítulo, en concordancia con el anterior, describe las causas de la crisis en el enfoque penal moderno, demostrando la forma en la que los críticos, “sociólogos” y políticos conservadores cambian la política criminal debido a la incertidumbre producida por los cambios estructurales de la modernidad tardía y la crítica de los expertos al querer introducir profundizaciones en el sistema penal welfarista.  

En el cuarto capítulo muestra las transformaciones sociales de los cambios entre los dos enfoques criminológicos y penales; para pasar posteriormente a explicitar su influencia en el delito, en las instituciones de bienestar y en el discurso político. Éste último también sufre cambios, que se desarrollan en el capitulo cinco.

El quinto capítulo, como ya se ha comentado, desarrolla los cambios políticos producidos por los nuevos enfoques, visibilizando una diferencia entre la estrategia de negación y el acting out de la criminología del castigo del Estado (incide en el aumento del control y del castigo expresivo) y de la estrategia de adaptación de la criminología de la vida cotidiana, que se centra en la prevención y la asociación con otras organizaciones.

El sexto capítulo plantea las características culturales de las sociedades con inseguridad y altas tasas de delito, como afecta a todos los niveles sociales (clases con un nivel socioeconómico alto, sector comercial, comunidades...) y su repercusión en las políticas estatales.

El séptimo capítulo trata las instituciones de control del delito (policía, justicia penal, prisión-rehabilitación, libertad condicional) mostrando su cambio con la nueva cultura del delito.

El octavo capítulo supone la síntesis de las apreciaciones del autor, relacionándolas con los cambios sociales de la modernidad tardía y con las modificaciones en el campo especifico del control del delito. Destacando, finalmente,  la incoherencia de continuar con el mismo modelo punitivo y costosos cuando se ha producido una mejora económica y social, además de decrecimiento en las tasas de criminalidad.

8.    Metodología utilizada.
El autor escribe sobre la contemporaneidad a partir de una visión estructural de la organización del control del delito y la justicia penal que muestra un estructuralismo débil. Para ello delimita las condiciones sociales que favorecen su existencia y que son base del control del delito contemporáneo, así como también identifica las reglas de pensamiento y acción que moldean estas políticas prácticas (análisis integral del campo).
Respecto a la comparación entre EE.UU. y Gran Bretaña, ésta se muestra interesante, ya que el patrón de respuestas penales  y los puntos recurrentes de la preocupación política en el debate político y el desarrollo de políticas públicas; son muy similares en ambos países si se dejan a un lado las cuestiones de tamaño y grado, es decir, que los problemas a los que ambos países responden son de la misma categoría: riesgos e inseguridades,  control social ineficaz,  críticas a la justicia penal tradicional y ansiedad al cambio del orden social. Estos dos países no son los únicos que han sufrido dichos cambios y que son casi homólogos, sino que, desde 2001, estos hechos se han desarrollado en otros países occidentales, como es el caso de España. 

 Asimismo, el cambio del modelo del welfarismo penal hacia el modelo actual de justicia penal moderna responde a dimensiones históricas, penológicas y sociológicas, suponiendo la revisión del patrón histórico desde la racionalización y civilización hacia sentimientos punitivos y expresivos, cambiando así la organización de las instituciones (prisiones privadas , evoluciones de impacto sobre las víctimas, leyes de notificación a la comunidad, guias de determinación de condenas…), y de las practicas (vigilancia electrónica, castigos  en la comunidad, justicia restaurativa) con unas líneas ideológicas confusas. También ha cambiado la estructura de las relaciones sociales y las sensibilidades culturales  que alteran la cultura propia y permiten observar una transformación a nivel social de las nuevas respuestas frente al delito. 

Los cambios se agudizan con el declive del Estado de Bienestar según el análisis del contexto social de Garland, apareciendo diversos programas desde diversos lugares del campo social que dan lugar a una nueva configuración de estructuras y estrategias compuestas por elementos viejos y nuevos que se correlacionan. Asimismo, el tipo de Estado de bienestar en un país condiciona los modelos de control del delito y la política al respecto, ya que forma parte de una red de gobierno y producción del orden social para determinar y afianzar sus condiciones de existencia. Por tanto, la modificación de de las reglas de pensamiento y acción sufren un influjo indirecto de lo social y económico: aumento de las tasas de delito y de la sensación de inseguridad, la crisis económica, la precarización de los mercados laborales, las reformas impositivas regresivas, las restricciones de beneficios del Estado de bienestar, los cambios políticos del welfarismo al neoliberalismo, etc. Todo ello deja al descubierto las necesidades insatisfechas de la población, que provocan un traspaso de la confianza ciudadana desde sus propios recursos hacia los servicios sociales, de modo que los problemas parecían agrandarse. De hecho la prosperidad económica y el Estado de Bienestar hizo olvidar los problemas económicos y políticos para cuya solución había sido diseñado el welfarismo y, en cambio, destacó toda una serie de problemas como la excesiva burocracia. 

9.     Temas tratados. 

Este apartado es el último de la recensión, de tal forma que se puede considerar una síntesis del libro.

En primer lugar, recordar que Garland redacta en el primer capítulo del libro, los indicadores de cambio en el campo de control social, que son el declive del idea de la rehabilitación, el resurgimiento de las sanciones punitivas y la justicia expresiva, así como los cambios en el tono emocional de la política criminal, el retorno de la víctima y, preponderancia del publico protegido, la politización y el nuevo populismo, la reivindicación de la prisión, la transformación del pensamiento criminológico, la infraestructura de la prevención del delito y la seguridad comunitaria, la sociedad civil y la comercialización del control del delito, los nuevos estilos de gestión y prácticas de trabajo y, por último, la sensación permanente de la crisis. 

En segundo lugar, se encontraría el cambio de la posición de las victimas en el campo de la pena penal, que ha pasado de ser parte del interés general publico que jugaba un papel aislado en el proceso penal, a convertirse en un sujeto activo en el hecho criminal, con derechos, información y rehabilitación, pasando a ser un rol representativo del imaginario colectivo con voz en la política criminal de seguridad y en debates y políticas públicas. En consecuencia, la importancia que ejerce la política sobre la protección de las victimas es total, que, junto con el aumento del delito y el aumento del temor a la victimización, ha generado un creciente énfasis en la necesidad de seguridad y protección al público, transformándose en el tema dominante de la política penal.

Finalmente, Garland desarrolla el tema de la formación cultural en torno al fenómeno de las altas tasas de delito e inseguridad creciente que caracterizan a las sociedades modernas. Éstas presentan un conjunto distintivo de actitudes, creencias y presunciones que se resumen en:

-      Las altas tasas de delito se consideran un hecho social normal.

-      La inversión emocional en el delito es generalizada e intensa, abarcando elementos de fascinación así como de miedo, indignación y resentimiento.

-      Las cuestiones referidas al delito están politizadas y se representan frecuentemente en términos emotivos.

-      El interés por las víctimas y la seguridad pública dominan la política pública.

-      Las soluciones del welfarismo penal se desprestigiaron.

-      La justicia penal estatal es visualizada como inadecuada o ineficaz.

-      Las rutinas defensivas privadas están generalizadas y existe un gran mercado en torno a la seguridad privada

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