Debo dejar claro que no se trataba de una persona comunista, sino antifascista y que, a pesar de su ideología revisionista, no podemos ocultar las aportaciones y el compromiso que tuvo a la hora de luchar contra el fascismo.
Doctor Norman Bethune, médico innovador canadiense nacido en el seno de una prominente familia de origen escocés, tuvo una vida jalonada por serios enfrentamientos con sus compañeros de profesión con los que a menudo chocaba debido a su compromiso con movimientos políticos progresistas.
Durante la Gran Depresión (1929) tomó una actitud crítica abierta
contra el poder insensible ante las dificultades del pueblo. Formó parte
del grupo de Montreal en el que se integraban profesionales de la
medicina que postulaban por la socialización de la misma.
En 1935 se afilió al partido comunista canadiense y viajó hasta la Unión Sviética para aprender de la experiencia que allí habían obtenido tras la revolución, en la práctica de la medicina popular.
Bethune comprendió la importancia de lo que estaba sucediendo en España y se unió a las brigadas Internacionales. Entró a formar parte del Batallón Mackenzie-Papineau compuesto por 1448 brigadistas, de los que 721 murieron luchando contra los sublevados fascistas.
Norman formará parte de la Unidad Médica de Canadá vinculado al Socorro Rojo Internacional, prefiriendo, siempre, prestar sus servicios en el frente y pidiendo colaboración para crear el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre.
El sentimiento de solidaridad del pueblo español le impresionó profundamente, así fue como la primera transfusión de sangre (puede ser que hubiese un antecesor a él) se realizó en la ciudad Universitaria de Madrid.
Consciente de que una de las causas más frecuentes de muerte en el campo de batalla eran las hemorragias masivas y la pérdida de sangre en heridas no necesariamente graves, Bethune concibió la idea de realizar las transfusiones en el mismo campo de batalla, para esa misión creó la primera unidad móvil de transfusiones sanguineas del mundo.
En el mes de febrero de 1937 se trasladaban desde Valencia hasta Málaga para prestar ayuda a las tropas que defendían la ciudad del avance fascista. Aquella misión le convirtió en testigo excepcional de uno de los pisodios más dramáticos y desconocidos de la contienda española:
Tras la toma de Málaga por los militares sublevados, una numerosa caravana formada por miles de personas (en su mayoria heridos, mujeres, niños y ancianos), emprendió la huida hacia Almería capital. Perseguidos por las fuerzas moras de Franco y las enviadas por Mussolini. La aviación alemana también bombardeo sin compasión y, desde el mar, la armada fascista cañoneo en el blanco que ofrecían seres humanos indefensos y aterrorizados.
En 1935 se afilió al partido comunista canadiense y viajó hasta la Unión Sviética para aprender de la experiencia que allí habían obtenido tras la revolución, en la práctica de la medicina popular.
Bethune comprendió la importancia de lo que estaba sucediendo en España y se unió a las brigadas Internacionales. Entró a formar parte del Batallón Mackenzie-Papineau compuesto por 1448 brigadistas, de los que 721 murieron luchando contra los sublevados fascistas.
Norman formará parte de la Unidad Médica de Canadá vinculado al Socorro Rojo Internacional, prefiriendo, siempre, prestar sus servicios en el frente y pidiendo colaboración para crear el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre.
El sentimiento de solidaridad del pueblo español le impresionó profundamente, así fue como la primera transfusión de sangre (puede ser que hubiese un antecesor a él) se realizó en la ciudad Universitaria de Madrid.
Consciente de que una de las causas más frecuentes de muerte en el campo de batalla eran las hemorragias masivas y la pérdida de sangre en heridas no necesariamente graves, Bethune concibió la idea de realizar las transfusiones en el mismo campo de batalla, para esa misión creó la primera unidad móvil de transfusiones sanguineas del mundo.
En el mes de febrero de 1937 se trasladaban desde Valencia hasta Málaga para prestar ayuda a las tropas que defendían la ciudad del avance fascista. Aquella misión le convirtió en testigo excepcional de uno de los pisodios más dramáticos y desconocidos de la contienda española:
Tras la toma de Málaga por los militares sublevados, una numerosa caravana formada por miles de personas (en su mayoria heridos, mujeres, niños y ancianos), emprendió la huida hacia Almería capital. Perseguidos por las fuerzas moras de Franco y las enviadas por Mussolini. La aviación alemana también bombardeo sin compasión y, desde el mar, la armada fascista cañoneo en el blanco que ofrecían seres humanos indefensos y aterrorizados.
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