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El descontento social Como motor del cambio


El descontento social
Como
 motor del cambio


Celia R M

Máster en Problemas sociales
Nota: 6 sobre 10
 
Índice


-Introducción-                                                                        Pág. 3
- Nivel microsociológico y nivel mesosociológico-                Pág. 4
- Construyendo la protesta-                                                  Pág. 5
- El pensamiento de la mayoría como
herramienta de unión hacia la protesta-                               Pág. 6
-Tres niveles de construcción de significado-                       Pág. 7-8
- Elementos de la acción colectiva-                                      Pág. 9
-Conclusiones-                                                                      Pág. 10-11
-Bibliografía-                                                                Pág. 12


Introducción.

Actualmente existen amplios sectores de población que disfrutan de una posición económica y educativa superior, tal y como señala Ronald Inglehart, quién dice que en estos contextos ha habido cambios sociales, tecnológicos y económicos que han producido un alto grado de satisfacción de las necesidades básicas y de la existencia de seguridad física y psíquica.

Esta visión optimista del sistema económico imperante decae con la actual y creciente crisis económica que ha provocado la floración de una gran cantidad de acciones de protesta que deben ser estudiadas, puesto que indican un declive social y una demanda de mejoras y progreso.

En consecuencia, aparecen nuevas pautas de acción política y social cualitativamente nuevas en relación con la ideología, bases de apoyo, motivaciones, estructura organizativa y estilo político. Entre estas pautas de acción destacan las protestas feministas y ecologistas, que contrastan con el clásico movimiento obrero de lucha de clases.

Un ejemplo de ello es el caso de “La Manada”  que se hizo eco entre la sociedad y provocó grandes concentraciones en muchas partes del territorio español, como es el caso de Madrid, así lo señalaba Pilar Álvarez en el artículo “Las manifestaciones contra la puesta en libertad de La Manada recorren las principales ciudades” escrito el 23 de junio del 2018 en el periódico El País, a través del cual se informaba acerca de la concentración que desde antes de las 19.00 aglutinaba a miles de mujeres cuyo objetivo era protestar contra la violencia de género y la vulnerabilidad que todavía sufren.

Dicha concentración no se ha dado por mera casualidad, sino que tiene unas causas y unas consecuencias sociales, por lo que nos vienen al estudio una serie de cuestiones, como por ejemplo ¿por qué se implican estas mujeres? ¿Para qué se implican? Es decir, qué intereses tienen en todo esto. Y no solo eso, sino también el hecho de que se haya producido esa concentración, cómo se han producido y para quién lo hacen.
Estas preguntas incorporan temas que giran en torno a la comunicación y la identidad que une a estas mujeres, es decir, la cultura y la situación que viven, los medios de comunicación, la interacción entre los propios individuos, los objetivos que se persiguen y la probabilidad de obtenerlos.

Todas estas preguntas se imponen al cometido de este ensayo y se traen a colación mediante el análisis que se hace a tres tipologías, aunque en este caso se han señalado dos, que son el inicio de la propia acción: el nivel individual y el nivel grupal.

Dentro del análisis del grupo social actor de la protesta hay que preguntarse cómo es esa organización respecto a estructura, objetivos, recursos, análisis de la realidad… y qué estrategia toma. Para, finalmente, analizar las consecuencias que dicha acción tiene en la sociedad y en concreto, en el contexto en el que se ha producido, como por ejemplo el grado de impacto de concienciación, de nuevos valores, etc.

A continuación, se expone de forma más detallada la composición de ambos niveles, los métodos de análisis y las repercusiones en la sociedad.


Nivel microsociológico y nivel mesosociológico: bases que unen al individuo con el grupo de acción

Ambos análisis hacen énfasis en las motivaciones y en las dimensiones subjetivas del actor, es decir, se centra en los actores sociales, en sus percepciones de la realidad, en su ideología, valores, conciencia. Estas percepciones y valores se expanden socialmente a través de la comunicación y las redes sociales, entendiendo esta última como un conjunto de actores comunicados en redes tanto formales (entre colectivos, grupos o instituciones pautadas) como informales (amistades, vecindario…) que se basan en intereses comunes, tradición histórica o cultural, ideologías compartidas, proximidad física o afectiva.

En definitiva, el ser humano no se puede construir a sí mismo sin la interacción con el conjunto de individuos y es, justamente, a través de esta interacción por la que el ser humano construye las diferentes perspectivas de la realidad de acuerdo con la estructura política, social, económica y cultural que determina los múltiples aspectos de la situación de los actores y de las conexiones entre ambos.

Estos condicionamientos crean unas interpretaciones, definiciones y percepciones que fundamentan el significado subjetivo e intersubjetivo que se les otorgan a las posibilidades y limitaciones para intervenir, es decir, la existencia de desigualdades y de cambios estructurales, la disponibilidad y despliegue de recursos tangibles, las cualidades organizativas de los líderes, las oportunidades políticas y de una suerte del cálculo coste-beneficio de los participantes. Este cálculo de coste-beneficio es lo que se denomina “elección racional” y se trata de una teoría centrada en las estrategias que adoptan los individuos en defensa de sus propios intereses a través de la acción colectiva. De acuerdo con esta teoría, las acciones colectivas, son fruto de intereses particulares, en lugar de intereses colectivos, este hecho queda remarcado en el dilema Free Rider de Olson (del aprovechado o del gorrón) que señala que un individuo no se afiliará a una organización si considera que tanto si se afilia a ella como si no lo hace, sus beneficios se mantendrán intactos, lo que implica dicho cálculo de rédito exclusivamente personal.

Teniendo en cuenta la individualidad de los intereses, Oberschall afirma que para que existan acciones de protesta, han de haber una serie de sentimientos compartidos producto de unas hostilidades que todos ellos han presenciado y que, junto con la identidad, forman una unidad en el grupo. No piensa lo mismo Pizzorno, que contesta a las teorías de Olson analizando que no puede realizarse un cálculo racional preciso de la relación coste-beneficio de la participación, dado que es imposible anticipar tanto lo uno como lo otro puesto que la organización no permanece inmutable a lo largo del tiempo y es esta incertidumbre la que se supera con la seguridad que aporta el “reconocimiento colectivo” en términos de prestigio, amistad, afecto…

En consecuencia, la identificación con el grupo marca el nivel de participación que tenga cada individuo.

Una derivación de esta teoría es la movilización, ya que, en este caso, estudia la iniciativa del individuo en el papel de los líderes y la dirección de estas acciones organizadas, de las actividades y de la influencia de la estructura de la oportunidad política o de la competencia entre grupos.


Construyendo la protesta

Después de algunos experimentos sobre los enfrentamientos con la autoridad, cuando ésta comete un acto de injusticia que es visto así por la sociedad, como confirman Gamson, Fireman y Rytina (1982), se hace patente que la explicación de las acciones de protesta basadas en las reivindicaciones estaba pasada de moda.

En consecuencia, se necesitarán de nuevas teorías o modelos que se adapten a la realidad de forma más concreta. Así surge un punto de inflexión crucial: la transformación de la conciencia colectiva de los actores implicados en una acción colectiva. La búsqueda de cómo se produce esa transformación toma caminos distintos.

Por un lado, se encuentra la Liberación cognitiva de Mc Adam (1982-1989). Con ella, Adam se refiere a la transformación de la conciencia de los participantes más activos cuando el sistema pierde legitimidad y la gente que normalmente es negativa, en lugar de ser conformista empieza a tomar la iniciativa de protesta porque ha creado otro modelo de eficacia.

Por otra parte, podemos constatar el impacto del discurso público en las identidades colectivas (Gamson 1988-1989) que es el que señala la importancia de los medios de comunicación, hecho que queda reflejado en el ejemplo de la introducción, pues fue el eco de los medios de comunicación una de las causas de la manifestación que se describe en el artículo sobre el caso de “La Manada”. No obstante, los organizadores de los movimientos sociales también prestan su contribución al discurso público, ya que promueven una serie de paquetes ideológicos concretos a través de una acción o una serie de reformas que encuentran competidores con otras organizaciones que promueven otros conjuntos de creencias, produciendo un conflicto ideológico que expande el eco de la protesta o malestar social.

Estos paquetes ideológicos tienen mucho que ver con la identidad colectiva de la que habla Melucci (1989) y que se ha expuesto en el primer apartado, ya que toda organización se completa significativamente cuando se han desarrollado concepciones del mundo, metas y opiniones compartidas sobre la realidad, es decir, sobre el contexto social y los límites de la acción colectiva.

Estas concepciones del mundo, denominadas “mundo-vida” por Habermas y luego adoptado por Wildemeerch y Leirman (1988), “representaciones sociales” para Moscovici (1984) y “mundo-pensamiento” por Oberschall (1989), tienen el mismo origen social y son compartidas, llegando a constituirse en una parte de la vida social ya adquiriendo una existencia independiente de los individuos. Sin embargo, lo más destacable es que se trata de una creencia colectiva compartida, en la cual el número de individuos no es decisivo ni determinante, pero sí condiciona la fuerza de tal o cual creencia.

La existencia de esta creencia, sostienen los autores, es independiente de los individuos porque se traslada al plano cultural por lo que tiende a ser estable y a persistir en el tiempo, característica que ha de tenerse en cuenta si lo que se pretende es convencer a un individuo que cambie de opinión o percepción de su realidad personal. Las probabilidades de que el público sea convencido dependen de que el individuo o individuos se adhieran al sistema de creencias que tiene el actor que trata de convencerle a partir de aquí, el actor argumentará en base a esas coincidencias y tendrá una probabilidad alta de transformar las creencias colectivas del público.

El pensamiento de la mayoría como herramienta de unión hacia la protesta

Hay que entender que las creencias expuestas en el apartado anterior se desarrollarán, expandirán, cambiarán, transformarán, etc. a través de la interacción interpersonal que se había ya nombrado con anterioridad.

Existen dos aspectos fundamentales que pueden producir cambios en esas creencias colectivas, y es que en la realidad de una sociedad, en un determinado contexto, existen una serie de creencias distantes, contradictorias, que compiten entre sí por ser las dominantes provocando la supremacía de una respecto a la otra o de una tercera producto de ambas.

Esta contradicción entre la creencia colectiva dominante y otras que pueden surgir en contraposición a la supremacía de la primera es una realidad atada a la misma creencia colectiva, es decir, ocurrirá de todos modos, porque, como bien señalo Billing (1987), los seres humanos siempre han tenido la capacidad de contraargumentar, por lo que siempre existirán miembros de una comunidad que se desvíen de las creencias colectivas, por una u otra razón, lo cual no es el caso.

Poniendo el ejemplo de “La manada”, encontramos que este acontecimiento, como cualquier otro de gran eco, tiene un impacto sobre las creencias colectivas, como por ejemplo, visibilizar la violencia de género y promover que las mujeres busquen un colectivo que las represente a partir del cual puedan luchar por reformas o cambios estructurales directos que impidan la violencia machista y que protejan realmente a la víctima. En este caso concreto las personas se familiarizan con los nuevos acontecimientos a través de su etiquetado y categorización, porque su creencia colectiva se ha visto modificada a través de la contradicción entre la cultura patriarcal que existe y los movimientos contra la misma, superponiéndose éste movimiento feminista contra la cultura imperante y contra otros paquetes ideológicos feministas que abogan por diversas formas de abarcar y atacar el problema, los cuales, a su vez, también chocan entre ellos para hegemonizar su posición ante el problema social.

No obstante, la transformación de la creencia colectiva no se lleva a cabo en un instante, sino que es un proceso gradual, como lo es el desarrollo del conocimiento científico, por lo que las definiciones subjetivas de la realidad y las creencias colectivas no son complementarias. Además, como están en continua evolución, continuarán transformándose en el proceso de construcción del significado de la propia protesta, como indica Klandermans (1989), sobre todo cuando se cree que esa protesta tiene una acción eficaz en la sociedad y en los miembros que participan en ella, tanto a nivel individual como en la interacción interpersonal.

En resumen, los individuos se unirán a una acción reivindicadora si esta parece que vaya a tener éxito, por lo que, muchas veces, si nadie lleva a cabo una acción visible respecto a una determinada cuestión, la protesta colectiva parecería inconcebible y no podría definirse correctamente para ser abordada, lo que, a su vez, conllevaría a la pasividad indirecta ante una situación de manifiesta injusticia social.






Tres niveles de construcción de significado

Retomando el desarrollo acumulativo y lento que conlleva el cambio de creencias colectivas y su continua trasformación, entramos en niveles de construcción de significado en el que las creencias colectivas se forman y transforman.

En el primer nivel de construcción de significado, se da el discurso público, que es capaz de provocar una formación o transformación de las identidades colectivas desarrolladas en el primer punto de este ensayo.
Lo cierto es que concierne a todos los miembros de la sociedad, a menos que vaya dirigido a un pequeño sector, en cuyo caso influirá únicamente en esa parcela y en sus alrededores de forma menos nítida. En general, afectará a la construcción de significado al tratarse de procesos de difusión de la información, produciendo un profundo impacto.
No obstante, hay que tener en cuenta que, aunque los medios de comunicación de masas son de vital importancia, siempre será la interacción interpersonal el aspecto determinante, por supuesto dentro de las categorías o grupos con los que se identifican los individuos, a través de los que se forman y transforman las creencias colectivas.  Esto se debe, a que los individuos que procesan la información transmitida por los medios de comunicación lo hacen mediante los otros y no en sí mismos, pues es la relación tanto en círculos formales, como en grupos primarios y redes de amistad, la que determina el cambio de creencias colectivas.
El problema principal de este nivel es el doble filo de los medios de comunicación de masas, puesasí como el eco de las protestas comunicadas a través de la televisión, de la radio, en publicidad, etc. llega a una amplia capa de la sociedad, también son capaces, y muchas veces lo hacen, de manipular la información, de sesgarla en un sentido que no siempre es favorable al movimiento.

El segundo nivel, trata la comunicación persuasiva de las organizaciones de los movimientos, a sus oponentes y las organizaciones de los contramovimientos, afectando a los individuos que constituyan su objetivo desestabilizador tanto para destruir a otros conjuntos de percepciones de la realidad como para incorporar más actores al cambiar la conciencia colectiva, consecuencia de los intentos deliberados de los actores para persuadir, y lo cierto es que los individuos que están en el punto de mira de una campaña comentan los contenidos con la gente de su entorno para poder contrastarlos con las creencias colectivas de los grupos con los que se identifican.  Obviamente, a pesar de hablar de la comunicación persuasiva como si fuera llevada a cabo por un líder de cierta organización, la realidad es bien distinta, es decir, la comunicación persuasiva, al igual que la construcción de significado, se lleva a cabo por medio de intercambios interpersonales, en los que los individuos están en el punto de mira de una campaña de movilización.

Este segundo nivel tiene un impacto enorme en las creencias de las personas; sin embargo, hay que tener en cuenta que solo se puede persuadir a aquellas personas que ya comparten, por lo menos, algunas de las creencias colectivas con las que se identifica e identifican al actor. Puesto quela reacción que pueda tener un individuo hacia los fines de una protesta no dependen únicamente del contenido de las reivindicaciones, sino también del modo en que se simbolizan las demandan y son representadas socialmente, es decir, al público al que se dirigen. Esto último es muy importante, porque el hecho de identificarse con una causa no trae de forma necesaria la implicación, motivo por el que las actividades de protesta tienen metas concretas y puede que dichos objetivos no satisfagan sus aspiraciones, no sean de su agrado o se vean ineficaces.

El tercer nivel ya entra dentro de la concienciación durante la propia protesta, con lo que es lógico pensar que se trata de “una explosión de conciencia” puesto que los participantes sufren una confrontación directa contra sus oponentes y competidores, generando un posible cambio drástico de mentalidad, es decir, reciben un fuerte impacto con efecto duradero.
Este nivel, se cierra alrededor de los que participan en la acción colectiva, puesto que son ellos los que reciben el mayor golpe vivencial, pero no se puede olvidar el hecho de que existan espectadores que simpaticen con dicha acción colectiva y que también incida sobre ellos la protesta. Esta influencia ya la habían detectado Hirsch y Fantasia en el Dilema de participación en una acción colectiva, donde es muy visible que en aquellos lugares en los que se lleva a cabo la protesta, todos los implicados en ella vean la cantidad de gente que forma parte de la misma y aquí entra en juego la elección racional, es decir, el coste-beneficio y la posibilidad de éxito, que de forma lógica sostiene la cantidad de individuos participantes como garantía de victoria, puesto que habría más presión social y sería posible obtener algún tipo de beneficio, de cumplimiento de las exigencias demandadas.
Rula añade a todo este análisis que, si se presencia una acción frente a una situación o un acto en el que anteriormente se veía inconcebible, o simplemente viendo que hay ciertos individuos que ven una posibilidad de protesta seria, se fomenta que el resto de sociedad, enterada de ello, cree una nueva disposición para atacar.

En definitiva, la construcción social de la protesta se produce en diversos niveles que van desde el propio individuo, pasando por las organizaciones hasta que son partícipes de la manifestación.

En lo que se refiere a los individuos, éstos nacen en entornos sociales donde hay carencias colectivas que describen e interpretan el mundo, son socializados en grupos y organizaciones que poseen un conjunto de creencias en común con ellos y entran a formar parte de otros grupos con los que comparten identidades colectivas.

Una vez están en las organizaciones de movimientos, empiezan a conocer a sus oponentes y a los contramovimientos que tratan de persuadir a los individuos para que vean a el mundo tal y como ellos lo hacen. Estos intentos de persuasión serán más o menos exitosos en función de si la base de los argumentos que utilizan emplea o no las creencias o identidades compartidas por los grupos y categorías sociales con las que se identifican o de las que quieren obtener simpatizantes.

Una vez tomen parte de la manifestación, su visión del mundo puede cambiar radicalmente, puesto que las creencias compartidas y la interacción interpersonal dentro de los grupos o categorías, en cierta medida homogéneos culturalmente, provoca que todos los implicados desarrollen nuevas identidades como participantes en una misma acción.










Elementos de la acción colectiva

Llegados a este punto, después de haber analizado las causas por las que los individuos se unen a la acción colectiva y los factores que intervienen, queda analizar los elementos que la componen.

La acción colectiva es una acción conjunta que persigue unos intereses comunes y que para conseguirlo desarrolla una serie de prácticas de movilización concretas que en el caso de que se realice con aspiración política habrá que añadir en la definición que el objetivo será afectar a la distribución del poder o en la influencia de las decisiones públicas.
Cabe señalar que toda acción colectiva está compuesta de unos intereses comunes que se materializan en la consecución de los objetivos definidos, alrededor de dichas metas se compondrá una organización más o menos estructurada que persista en el tiempo de forma activa.

Respecto a los objetivos de la movilización pueden beneficiar a la sociedad en su conjunto, en cuyo caso reciben el nombre de “bienes públicos generales”. Por ejemplo, a un sector concreto de la sociedad como es el caso de los sindicatos, las asociaciones de vecinos…  éstos son catalogados como bienes públicos selectivos y finalmente los que benefician únicamente a sus afiliados como son los clubs deportivos o empresariales y que se identifican como “Bienes privados selectivos”.

La asociación u organización también es uno de los elementos de la acción colectiva, por ser núcleos organizativos en los que se lleva a cabo. Estas asociaciones tienen la capacidad de agruparse formando un modelo cuyas fronteras no están delimitadas.

Por una parte, el modelo de bases o movimiento social, con una estructura laxa e informal tiene un ámbito de actuación centrado en la protesta, ya que su objetivo es influir en la vida política a través de la movilización. No se trata de una movilización esporádica, sino que se mantiene en el tiempo por lo que depende de la acción voluntaria y del compromiso de sus partidarios.

Por otra parte, el modelo de grupo de interés tiene una estructura mucho más centrada y formalizada que el anterior, que corresponde con el objetivo ambicioso de influir en las decisiones políticas a partir de prácticas de presión formal de la que son conscientes sus miembros, destacando en profesionalidad y no en acción voluntaria. Un ejemplo extremo de esto podrían ser los denominados lobbies.

Finalmente, el modelo de partido político es el que tiene la estructura interna más formalizada y reglada, pues su objetivo es participar en los procesos electorales y situarse como representante y, dada una meta particular, la estrategia que se utilizará para conseguirla será la competencia directa y reglada mediante procedimientos electorales para poder presentarse a las elecciones y salir victoriosos en el poder parlamentario.

Antes de terminar, cabe señalar que la acción de protesta tiene una estrategia para conseguir los objetivos, que puede ser favorecida o desincentivadas según en qué contexto político se apliquen.






Conclusiones

En definitiva y tal como decía Offe, los movimientos sociales son una respuesta a la crisis de mediación de las instituciones políticas y de gobernabilidad de los sistemas democráticos, por lo que el objetivo principal es la activación o politización de la sociedad civil, como es el caso del ejemplo propuesto en la introducción.

Existen una serie de aspectos que favorecen los nuevos movimientos sociales.
Entre ellos el ensanchamiento de los problemas económicos y políticos hacia otras clases sociales, así como la profundización en la planificación y la estructura para evitar cualquier tipo de comportamiento comprensible, irregular o desvío.
Finalmente, la irreversibilidad, es decir, la incapacidad estructural de las instituciones políticas y económicas existentes para percibir y actuar eficazmente antes las privaciones, riesgos y amenazas globales también supone un aspecto que favorece los movimientos sociales.
Las movilizaciones sociales, tanto las feministas como es el caso de la manifestación contra el caso de “La Manada” como de cualquier otro tipo, demuestran la incapacidad política y económica de responder a los cambios sociales y tecnológicos.

Este déficit se torna protesta organizada de aquellos sectores que lo sufren en mayor medida, como ocurre con la debilidad de las leyes sobre la violencia de género en la práctica, o los problemas laborales representados en los ERES, en los trabajos precarios y los bajos salarios, cuya indignación se materializa en el sindicalismo.

Las movilizaciones sociales son, en definitiva, un detonante de la falta de progreso del sistema, creando un tipo de política paralela a la que existe de forma dominante, por lo tanto, las estrategias que aquellas utilizarán serán en base a 4 dimensiones: la ideológica, el impacto reformista, la organización y la distribución.

La ideológica en lo que respecta al cambio de creencias colectivas extendiendo el imaginario social creado a partir de la movilización a través del impacto sensibilizador, cultural o simbólico. Todo ello deriva a la introducción de nuevos valores, formas de vida, reglas de conducta, etc.

Dichos cambios culturales, de identidad individual unida al grupo de acción, en su enfrentamiento contra el antagónico, provocan un impacto reorganizativa sobre los modelos y canales de interacción social, en la estructura de oportunidad política y en la formación de nuevos grupos y coaliciones, sobre todo cuando el movimiento toma fuerza porque se basa en las categorías e identidades de los individuos de la sociedad.

Finalmente, de acuerdo a los objetivos que persigue, produce un incremento de  las oportunidades, beneficios, privilegios o gratificantes para los miembros y seguidores o  si se trata de un bien público general afectará a toda la sociedad.

De forma sintetizada podríamos decir que la protesta se configura cuando existe un desencanto por parte de la sociedad implicada en esa deficiencia que, dada su identidad y su categoría, se une si ve posibilidad de obtención de beneficios y se distribuye a partir de las interacciones de los individuos con los grupos formales, informales o de amistades, redes que tienen más peso que los medios de comunicación de masas.

Una vez constituida la organización, los integrantes de la misma dan sentido a esas nuevas concepciones del mundo compartidas con el grupo de acción, las cuales repercutirán inexorablemente dependiendo del tamaño de la manifestación y del eco que realicen los medios de comunicación.

La acción colectiva es una de las necesidades sociales más importantes, pues de ella nace el progreso.













































Bibliografía

-       María Jesús Fuentes Rivas y Jordi Monferrer Tomás (2003). Perspectivas teóricas y aproximaciones metodológicas al resultado de la participación. España: UNED. Pág. 21-58

-       Bert Khandermans (1992). La construcción social de la protesta y los campos pluriorganizativos.  New Haven: Yale University Press.


-       Mark Taugott (2001). Protesta social: Repertorios y ciclos de la acción colectiva. Barcelona: h hacer.

-       Pilar Álvarez (2018).“Las manifestaciones contra la puesta en libertad de La Manada recorren las principales ciudades” El País. Pamplona. Recuperado de: https://elpais.com/politica/2018/06/22/actualidad/1529680592_316650.html.

 

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