El descontento social
Como
motor del cambio
Celia R M
Máster en Problemas sociales
Nota: 6 sobre 10
Índice
-Introducción- Pág. 3
- Nivel microsociológico y nivel
mesosociológico- Pág. 4
- Construyendo la protesta- Pág. 5
- El pensamiento de la mayoría como
herramienta de unión hacia la protesta- Pág. 6
-Tres niveles de construcción de
significado- Pág. 7-8
- Elementos de la acción colectiva- Pág. 9
-Conclusiones- Pág.
10-11
-Bibliografía- Pág.
12
Introducción.
Actualmente
existen amplios sectores de población que disfrutan de una posición económica y
educativa superior, tal y como señala Ronald Inglehart, quién dice que en estos
contextos ha habido cambios sociales, tecnológicos y económicos que han
producido un alto grado de satisfacción de las necesidades básicas y de la
existencia de seguridad física y psíquica.
Esta
visión optimista del sistema económico imperante decae con la actual y
creciente crisis económica que ha provocado la floración de una gran cantidad
de acciones de protesta que deben ser estudiadas, puesto que indican un declive
social y una demanda de mejoras y progreso.
En
consecuencia, aparecen nuevas pautas de acción política y social
cualitativamente nuevas en relación con la ideología, bases de apoyo, motivaciones,
estructura organizativa y estilo político. Entre estas pautas de acción destacan
las protestas feministas y ecologistas, que contrastan con el clásico movimiento
obrero de lucha de clases.
Un
ejemplo de ello es el caso de “La Manada”
que se hizo eco entre la sociedad y provocó grandes concentraciones en
muchas partes del territorio español, como es el caso de Madrid, así lo
señalaba Pilar Álvarez en el artículo “Las manifestaciones contra la puesta en
libertad de La Manada recorren las principales ciudades” escrito el 23 de junio
del 2018 en el periódico El País, a través del cual se informaba acerca de la concentración
que desde antes de las 19.00 aglutinaba a miles de mujeres cuyo objetivo era
protestar contra la violencia de género y la vulnerabilidad que todavía sufren.
Dicha
concentración no se ha dado por mera casualidad, sino que tiene unas causas y
unas consecuencias sociales, por lo que nos vienen al estudio una serie de
cuestiones, como por ejemplo ¿por qué se implican estas mujeres? ¿Para qué se
implican? Es decir, qué intereses tienen en todo esto. Y no solo eso, sino
también el hecho de que se haya producido esa concentración, cómo se han
producido y para quién lo hacen.
Estas
preguntas incorporan temas que giran en torno a la comunicación y la identidad
que une a estas mujeres, es decir, la cultura y la situación que viven, los
medios de comunicación, la interacción entre los propios individuos, los
objetivos que se persiguen y la probabilidad de obtenerlos.
Todas
estas preguntas se imponen al cometido de este ensayo y se traen a colación
mediante el análisis que se hace a tres tipologías, aunque en este caso se han
señalado dos, que son el inicio de la propia acción: el nivel individual y el
nivel grupal.
Dentro
del análisis del grupo social actor de la protesta hay que preguntarse cómo es
esa organización respecto a estructura, objetivos, recursos, análisis de la
realidad… y qué estrategia toma. Para, finalmente, analizar las consecuencias
que dicha acción tiene en la sociedad y en concreto, en el contexto en el que
se ha producido, como por ejemplo el grado de impacto de concienciación, de
nuevos valores, etc.
A
continuación, se expone de forma más detallada la composición de ambos niveles,
los métodos de análisis y las repercusiones en la sociedad.
Nivel microsociológico y
nivel mesosociológico: bases que unen al individuo con el grupo de acción
Ambos
análisis hacen énfasis en las motivaciones y en las dimensiones subjetivas del
actor, es decir, se centra en los actores sociales, en sus percepciones de la
realidad, en su ideología, valores, conciencia. Estas percepciones y valores se
expanden socialmente a través de la comunicación y las redes sociales,
entendiendo esta última como un conjunto de actores comunicados en redes tanto
formales (entre colectivos, grupos o instituciones pautadas) como informales
(amistades, vecindario…) que se basan en intereses comunes, tradición histórica
o cultural, ideologías compartidas, proximidad física o afectiva.
En
definitiva, el ser humano no se puede construir a sí mismo sin la interacción
con el conjunto de individuos y es, justamente, a través de esta interacción
por la que el ser humano construye las diferentes perspectivas de la realidad
de acuerdo con la estructura política, social, económica y cultural que
determina los múltiples aspectos de la situación de los actores y de las
conexiones entre ambos.
Estos
condicionamientos crean unas interpretaciones, definiciones y percepciones que
fundamentan el significado subjetivo e intersubjetivo que se les otorgan a las
posibilidades y limitaciones para intervenir, es decir, la existencia de
desigualdades y de cambios estructurales, la disponibilidad y despliegue de
recursos tangibles, las cualidades organizativas de los líderes, las
oportunidades políticas y de una suerte del cálculo coste-beneficio de los
participantes. Este cálculo de coste-beneficio es lo que se denomina “elección
racional” y se trata de una teoría centrada en las estrategias que adoptan los
individuos en defensa de sus propios intereses a través de la acción colectiva.
De acuerdo con esta teoría, las acciones colectivas, son fruto de intereses
particulares, en lugar de intereses colectivos, este hecho queda remarcado en
el dilema Free Rider de Olson (del aprovechado o del gorrón) que señala que un
individuo no se afiliará a una organización si considera que tanto si se afilia
a ella como si no lo hace, sus beneficios se mantendrán intactos, lo que
implica dicho cálculo de rédito exclusivamente personal.
Teniendo
en cuenta la individualidad de los intereses, Oberschall afirma que para que
existan acciones de protesta, han de haber una serie de sentimientos
compartidos producto de unas hostilidades que todos ellos han presenciado y que,
junto con la identidad, forman una unidad en el grupo. No piensa lo mismo
Pizzorno, que contesta a las teorías de Olson analizando que no puede
realizarse un cálculo racional preciso de la relación coste-beneficio de la
participación, dado que es imposible anticipar tanto lo uno como lo otro puesto
que la organización no permanece inmutable a lo largo del tiempo y es esta
incertidumbre la que se supera con la seguridad que aporta el “reconocimiento
colectivo” en términos de prestigio, amistad, afecto…
En
consecuencia, la identificación con el grupo marca el nivel de participación
que tenga cada individuo.
Una
derivación de esta teoría es la movilización, ya que, en este caso, estudia la
iniciativa del individuo en el papel de los líderes y la dirección de estas
acciones organizadas, de las actividades y de la influencia de la estructura de
la oportunidad política o de la competencia entre grupos.
Construyendo la protesta
Después
de algunos experimentos sobre los enfrentamientos con la autoridad, cuando ésta
comete un acto de injusticia que es visto así por la sociedad, como confirman Gamson,
Fireman y Rytina (1982), se hace patente que la explicación de las acciones de
protesta basadas en las reivindicaciones estaba pasada de moda.
En
consecuencia, se necesitarán de nuevas teorías o modelos que se adapten a la
realidad de forma más concreta. Así surge un punto de inflexión crucial: la transformación
de la conciencia colectiva de los actores implicados en una acción colectiva. La
búsqueda de cómo se produce esa transformación toma caminos distintos.
Por
un lado, se encuentra la Liberación cognitiva de Mc Adam (1982-1989). Con ella,
Adam se refiere a la transformación de la conciencia de los participantes más
activos cuando el sistema pierde legitimidad y la gente que normalmente es
negativa, en lugar de ser conformista empieza a tomar la iniciativa de protesta
porque ha creado otro modelo de eficacia.
Por
otra parte, podemos constatar el impacto del discurso público en las
identidades colectivas (Gamson 1988-1989) que es el que señala la importancia de
los medios de comunicación, hecho que queda reflejado en el ejemplo de la
introducción, pues fue el eco de los medios de comunicación una de las causas
de la manifestación que se describe en el artículo sobre el caso de “La Manada”.
No obstante, los organizadores de los movimientos sociales también prestan su
contribución al discurso público, ya que promueven una serie de paquetes ideológicos
concretos a través de una acción o una serie de reformas que encuentran
competidores con otras organizaciones que promueven otros conjuntos de
creencias, produciendo un conflicto ideológico que expande el eco de la
protesta o malestar social.
Estos
paquetes ideológicos tienen mucho que ver con la identidad colectiva de la que
habla Melucci (1989) y que se ha expuesto en el primer apartado, ya que toda
organización se completa significativamente cuando se han desarrollado
concepciones del mundo, metas y opiniones compartidas sobre la realidad, es
decir, sobre el contexto social y los límites de la acción colectiva.
Estas
concepciones del mundo, denominadas “mundo-vida” por Habermas y luego adoptado
por Wildemeerch y Leirman (1988), “representaciones sociales” para Moscovici
(1984) y “mundo-pensamiento” por Oberschall (1989), tienen el mismo origen
social y son compartidas, llegando a constituirse en una parte de la vida
social ya adquiriendo una existencia independiente de los individuos. Sin
embargo, lo más destacable es que se trata de una creencia colectiva
compartida, en la cual el número de individuos no es decisivo ni determinante,
pero sí condiciona la fuerza de tal o cual creencia.
La
existencia de esta creencia, sostienen los autores, es independiente de los
individuos porque se traslada al plano cultural por lo que tiende a ser estable
y a persistir en el tiempo, característica que ha de tenerse en cuenta si lo
que se pretende es convencer a un individuo que cambie de opinión o percepción
de su realidad personal. Las probabilidades de que el público sea convencido dependen
de que el individuo o individuos se adhieran al sistema de creencias que tiene
el actor que trata de convencerle a partir de aquí, el actor argumentará en
base a esas coincidencias y tendrá una probabilidad alta de transformar las
creencias colectivas del público.
El pensamiento de la mayoría
como herramienta de unión hacia la protesta
Hay
que entender que las creencias expuestas en el apartado anterior se
desarrollarán, expandirán, cambiarán, transformarán, etc. a través de la interacción
interpersonal que se había ya nombrado con anterioridad.
Existen
dos aspectos fundamentales que pueden producir cambios en esas creencias colectivas,
y es que en la realidad de una sociedad, en un determinado contexto, existen una
serie de creencias distantes, contradictorias, que compiten entre sí por ser
las dominantes provocando la supremacía de una respecto a la otra o de una
tercera producto de ambas.
Esta
contradicción entre la creencia colectiva dominante y otras que pueden surgir
en contraposición a la supremacía de la primera es una realidad atada a la
misma creencia colectiva, es decir, ocurrirá de todos modos, porque, como bien
señalo Billing (1987), los seres humanos siempre han tenido la capacidad de contraargumentar,
por lo que siempre existirán miembros de una comunidad que se desvíen de las
creencias colectivas, por una u otra razón, lo cual no es el caso.
Poniendo
el ejemplo de “La manada”, encontramos que este acontecimiento, como cualquier
otro de gran eco, tiene un impacto sobre las creencias colectivas, como por
ejemplo, visibilizar la violencia de género y promover que las mujeres busquen
un colectivo que las represente a partir del cual puedan luchar por reformas o
cambios estructurales directos que impidan la violencia machista y que protejan
realmente a la víctima. En este caso concreto las personas se familiarizan con
los nuevos acontecimientos a través de su etiquetado y categorización, porque
su creencia colectiva se ha visto modificada a través de la contradicción entre
la cultura patriarcal que existe y los movimientos contra la misma,
superponiéndose éste movimiento feminista contra la cultura imperante y contra
otros paquetes ideológicos feministas que abogan por diversas formas de abarcar
y atacar el problema, los cuales, a su vez, también chocan entre ellos para
hegemonizar su posición ante el problema social.
No
obstante, la transformación de la creencia colectiva no se lleva a cabo en un
instante, sino que es un proceso gradual, como lo es el desarrollo del
conocimiento científico, por lo que las definiciones subjetivas de la realidad
y las creencias colectivas no son complementarias. Además, como están en
continua evolución, continuarán transformándose en el proceso de construcción
del significado de la propia protesta, como indica Klandermans (1989), sobre
todo cuando se cree que esa protesta tiene una acción eficaz en la sociedad y
en los miembros que participan en ella, tanto a nivel individual como en la interacción
interpersonal.
En
resumen, los individuos se unirán a una acción reivindicadora si esta parece
que vaya a tener éxito, por lo que, muchas veces, si nadie lleva a cabo una acción
visible respecto a una determinada cuestión, la protesta colectiva parecería
inconcebible y no podría definirse correctamente para ser abordada, lo que, a
su vez, conllevaría a la pasividad indirecta ante una situación de manifiesta
injusticia social.
Tres niveles de
construcción de significado
Retomando
el desarrollo acumulativo y lento que conlleva el cambio de creencias
colectivas y su continua trasformación, entramos en niveles de construcción de
significado en el que las creencias colectivas se forman y transforman.
En
el primer nivel de construcción de significado, se da el discurso público, que
es capaz de provocar una formación o transformación de las identidades
colectivas desarrolladas en el primer punto de este ensayo.
Lo
cierto es que concierne a todos los miembros de la sociedad, a menos que vaya
dirigido a un pequeño sector, en cuyo caso influirá únicamente en esa parcela y
en sus alrededores de forma menos nítida. En general, afectará a la
construcción de significado al tratarse de procesos de difusión de la
información, produciendo un profundo impacto.
No
obstante, hay que tener en cuenta que, aunque los medios de comunicación de
masas son de vital importancia, siempre será la interacción interpersonal el
aspecto determinante, por supuesto dentro de las categorías o grupos con los
que se identifican los individuos, a través de los que se forman y transforman
las creencias colectivas. Esto se debe, a
que los individuos que procesan la información transmitida por los medios de comunicación
lo hacen mediante los otros y no en sí mismos, pues es la relación tanto en
círculos formales, como en grupos primarios y redes de amistad, la que
determina el cambio de creencias colectivas.
El
problema principal de este nivel es el doble filo de los medios de comunicación
de masas, puesasí como el eco de las protestas comunicadas a través de la
televisión, de la radio, en publicidad, etc. llega a una amplia capa de la
sociedad, también son capaces, y muchas veces lo hacen, de manipular la
información, de sesgarla en un sentido que no siempre es favorable al
movimiento.
El
segundo nivel, trata la comunicación persuasiva de las organizaciones de los movimientos,
a sus oponentes y las organizaciones de los contramovimientos, afectando a los
individuos que constituyan su objetivo desestabilizador tanto para destruir a
otros conjuntos de percepciones de la realidad como para incorporar más actores
al cambiar la conciencia colectiva, consecuencia de los intentos deliberados de
los actores para persuadir, y lo cierto es que los individuos que están en el
punto de mira de una campaña comentan los contenidos con la gente de su entorno
para poder contrastarlos con las creencias colectivas de los grupos con los que
se identifican. Obviamente, a pesar de
hablar de la comunicación persuasiva como si fuera llevada a cabo por un líder
de cierta organización, la realidad es bien distinta, es decir, la comunicación
persuasiva, al igual que la construcción de significado, se lleva a cabo por
medio de intercambios interpersonales, en los que los individuos están en el
punto de mira de una campaña de movilización.
Este
segundo nivel tiene un impacto enorme en las creencias de las personas; sin
embargo, hay que tener en cuenta que solo se puede persuadir a aquellas
personas que ya comparten, por lo menos, algunas de las creencias colectivas
con las que se identifica e identifican al actor. Puesto quela reacción que
pueda tener un individuo hacia los fines de una protesta no dependen únicamente
del contenido de las reivindicaciones, sino también del modo en que se
simbolizan las demandan y son representadas socialmente, es decir, al público
al que se dirigen. Esto último es muy importante, porque el hecho de
identificarse con una causa no trae de forma necesaria la implicación, motivo
por el que las actividades de protesta tienen metas concretas y puede que
dichos objetivos no satisfagan sus aspiraciones, no sean de su agrado o se vean
ineficaces.
El
tercer nivel ya entra dentro de la concienciación durante la propia protesta,
con lo que es lógico pensar que se trata de “una explosión de conciencia”
puesto que los participantes sufren una confrontación directa contra sus oponentes
y competidores, generando un posible cambio drástico de mentalidad, es decir, reciben
un fuerte impacto con efecto duradero.
Este
nivel, se cierra alrededor de los que participan en la acción colectiva, puesto
que son ellos los que reciben el mayor golpe vivencial, pero no se puede
olvidar el hecho de que existan espectadores que simpaticen con dicha acción
colectiva y que también incida sobre ellos la protesta. Esta influencia ya la
habían detectado Hirsch y Fantasia en el Dilema de participación en una acción
colectiva, donde es muy visible que en aquellos lugares en los que se lleva a
cabo la protesta, todos los implicados en ella vean la cantidad de gente que
forma parte de la misma y aquí entra en juego la elección racional, es decir,
el coste-beneficio y la posibilidad de éxito, que de forma lógica sostiene la
cantidad de individuos participantes como garantía de victoria, puesto que
habría más presión social y sería posible obtener algún tipo de beneficio, de
cumplimiento de las exigencias demandadas.
Rula
añade a todo este análisis que, si se presencia una acción frente a una situación
o un acto en el que anteriormente se veía inconcebible, o simplemente viendo
que hay ciertos individuos que ven una posibilidad de protesta seria, se fomenta
que el resto de sociedad, enterada de ello, cree una nueva disposición para
atacar.
En
definitiva, la construcción social de la protesta se produce en diversos
niveles que van desde el propio individuo, pasando por las organizaciones hasta
que son partícipes de la manifestación.
En
lo que se refiere a los individuos, éstos nacen en entornos sociales donde hay
carencias colectivas que describen e interpretan el mundo, son socializados en
grupos y organizaciones que poseen un conjunto de creencias en común con ellos
y entran a formar parte de otros grupos con los que comparten identidades
colectivas.
Una
vez están en las organizaciones de movimientos, empiezan a conocer a sus
oponentes y a los contramovimientos que tratan de persuadir a los individuos
para que vean a el mundo tal y como ellos lo hacen. Estos intentos de
persuasión serán más o menos exitosos en función de si la base de los
argumentos que utilizan emplea o no las creencias o identidades compartidas por
los grupos y categorías sociales con las que se identifican o de las que
quieren obtener simpatizantes.
Una
vez tomen parte de la manifestación, su visión del mundo puede cambiar
radicalmente, puesto que las creencias compartidas y la interacción
interpersonal dentro de los grupos o categorías, en cierta medida homogéneos culturalmente,
provoca que todos los implicados desarrollen nuevas identidades como
participantes en una misma acción.
Elementos de la acción
colectiva
Llegados
a este punto, después de haber analizado las causas por las que los individuos
se unen a la acción colectiva y los factores que intervienen, queda analizar
los elementos que la componen.
La
acción colectiva es una acción conjunta que persigue unos intereses comunes y
que para conseguirlo desarrolla una serie de prácticas de movilización
concretas que en el caso de que se realice con aspiración política habrá que
añadir en la definición que el objetivo será afectar a la distribución del
poder o en la influencia de las decisiones públicas.
Cabe
señalar que toda acción colectiva está compuesta de unos intereses comunes que
se materializan en la consecución de los objetivos definidos, alrededor de
dichas metas se compondrá una organización más o menos estructurada que
persista en el tiempo de forma activa.
Respecto
a los objetivos de la movilización pueden beneficiar a la sociedad en su
conjunto, en cuyo caso reciben el nombre de “bienes públicos generales”. Por
ejemplo, a un sector concreto de la sociedad como es el caso de los sindicatos,
las asociaciones de vecinos… éstos son
catalogados como bienes públicos selectivos y finalmente los que benefician
únicamente a sus afiliados como son los clubs deportivos o empresariales y que
se identifican como “Bienes privados selectivos”.
La
asociación u organización también es uno de los elementos de la acción colectiva,
por ser núcleos organizativos en los que se lleva a cabo. Estas asociaciones
tienen la capacidad de agruparse formando un modelo cuyas fronteras no están
delimitadas.
Por
una parte, el modelo de bases o movimiento social, con una estructura laxa e
informal tiene un ámbito de actuación centrado en la protesta, ya que su
objetivo es influir en la vida política a través de la movilización. No se
trata de una movilización esporádica, sino que se mantiene en el tiempo por lo
que depende de la acción voluntaria y del compromiso de sus partidarios.
Por
otra parte, el modelo de grupo de interés tiene una estructura mucho más
centrada y formalizada que el anterior, que corresponde con el objetivo
ambicioso de influir en las decisiones políticas a partir de prácticas de
presión formal de la que son conscientes sus miembros, destacando en
profesionalidad y no en acción voluntaria. Un ejemplo extremo de esto podrían
ser los denominados lobbies.
Finalmente,
el modelo de partido político es el que tiene la estructura interna más
formalizada y reglada, pues su objetivo es participar en los procesos
electorales y situarse como representante y, dada una meta particular, la
estrategia que se utilizará para conseguirla será la competencia directa y
reglada mediante procedimientos electorales para poder presentarse a las
elecciones y salir victoriosos en el poder parlamentario.
Antes
de terminar, cabe señalar que la acción de protesta tiene una estrategia para
conseguir los objetivos, que puede ser favorecida o desincentivadas según en qué
contexto político se apliquen.
En
definitiva y tal como decía Offe, los movimientos sociales son una respuesta a
la crisis de mediación de las instituciones políticas y de gobernabilidad de
los sistemas democráticos, por lo que el objetivo principal es la activación o
politización de la sociedad civil, como es el caso del ejemplo propuesto en la
introducción.
Existen
una serie de aspectos que favorecen los nuevos movimientos sociales.
Entre
ellos el ensanchamiento de los problemas económicos y políticos hacia otras
clases sociales, así como la profundización en la planificación y la estructura
para evitar cualquier tipo de comportamiento comprensible, irregular o desvío.
Finalmente,
la irreversibilidad, es decir, la incapacidad estructural de las instituciones
políticas y económicas existentes para percibir y actuar eficazmente antes las
privaciones, riesgos y amenazas globales también supone un aspecto que favorece
los movimientos sociales.
Las
movilizaciones sociales, tanto las feministas como es el caso de la
manifestación contra el caso de “La Manada” como de cualquier otro tipo,
demuestran la incapacidad política y económica de responder a los cambios
sociales y tecnológicos.
Este
déficit se torna protesta organizada de aquellos sectores que lo sufren en
mayor medida, como ocurre con la debilidad de las leyes sobre la violencia de género
en la práctica, o los problemas laborales representados en los ERES, en los
trabajos precarios y los bajos salarios, cuya indignación se materializa en el
sindicalismo.
Las
movilizaciones sociales son, en definitiva, un detonante de la falta de
progreso del sistema, creando un tipo de política paralela a la que existe de
forma dominante, por lo tanto, las estrategias que aquellas utilizarán serán en
base a 4 dimensiones: la ideológica, el impacto reformista, la organización y
la distribución.
La
ideológica en lo que respecta al cambio de creencias colectivas extendiendo el
imaginario social creado a partir de la movilización a través del impacto
sensibilizador, cultural o simbólico. Todo ello deriva a la introducción de
nuevos valores, formas de vida, reglas de conducta, etc.
Dichos
cambios culturales, de identidad individual unida al grupo de acción, en su
enfrentamiento contra el antagónico, provocan un impacto reorganizativa sobre
los modelos y canales de interacción social, en la estructura de oportunidad política
y en la formación de nuevos grupos y coaliciones, sobre todo cuando el
movimiento toma fuerza porque se basa en las categorías e identidades de los
individuos de la sociedad.
Finalmente,
de acuerdo a los objetivos que persigue, produce un incremento de las oportunidades, beneficios, privilegios o
gratificantes para los miembros y seguidores o
si se trata de un bien público general afectará a toda la sociedad.
De
forma sintetizada podríamos decir que la protesta se configura cuando existe un
desencanto por parte de la sociedad implicada en esa deficiencia que, dada su
identidad y su categoría, se une si ve posibilidad de obtención de beneficios y
se distribuye a partir de las interacciones de los individuos con los grupos
formales, informales o de amistades, redes que tienen más peso que los medios
de comunicación de masas.
Una
vez constituida la organización, los integrantes de la misma dan sentido a esas
nuevas concepciones del mundo compartidas con el grupo de acción, las cuales
repercutirán inexorablemente dependiendo del tamaño de la manifestación y del
eco que realicen los medios de comunicación.
La
acción colectiva es una de las necesidades sociales más importantes, pues de
ella nace el progreso.
Bibliografía
- María Jesús Fuentes Rivas y Jordi
Monferrer Tomás (2003). Perspectivas teóricas
y aproximaciones metodológicas al resultado de la participación. España:
UNED. Pág. 21-58
- Bert Khandermans (1992). La construcción social de la protesta y los
campos pluriorganizativos. New
Haven: Yale University Press.
- Mark Taugott (2001). Protesta social: Repertorios y ciclos de la acción
colectiva. Barcelona: h hacer.
- Pilar Álvarez (2018).“Las
manifestaciones contra la puesta en libertad de La Manada recorren las
principales ciudades” El País.
Pamplona. Recuperado de: https://elpais.com/politica/2018/06/22/actualidad/1529680592_316650.html.

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