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El estudio del conflicto desde la teoría del proceso político. Movimientos Sociales y Política electoral.




El estudio del conflicto desde la teoría del proceso político. Movimientos Sociales y Política electoral





















Celia R. M.
Máster en Problemas sociales

 Nota: 8,5/10






Índice


1.    Introducción …………………………………………………………………...3-4

2.    Las oportunidades políticas y la estructura de oportunidad política…….5-7

3.    Los movimientos sociales también crean oportunidades………………...8-8

4.    Cuatro modos de conectar movimientos sociales y elecciones………....9-10

5.    Una contienda electoral……………………………………………………...11-12

6.    Conclusiones………………………………………………………………….13-13

7.    Bibliografía…………………………………………………………………….13-13


































1.   Introducción

Hace cuarenta años, la investigación sobre la política estaba acusada por una gran división académica, así, el de las ciencias políticas se reducían al ámbito de las instituciones políticas dejando el estudio de los movimientos sociales a los psicólogos para poder entender mejor lo irracional, por tanto:

Los movimientos sociales se consideraban una forma de <<conducta colectiva>>, una categoría de formas de conducta- entre las que se contaban modas, bogas, contagios de pánico y formación de multitudes- que eran definitorias de lo raro, lo exótico, lo irracional de la vida social. En pocas palabras, los movimientos sociales no se consideraban una forma de política en absoluto” (Funes, 2011:161)

Durante 1960, una generación de estudiosos progresistas empezaron a analizar los movimientos sociales como organizaciones con poder político. Siendo la figura de Tilly la que marcó un antes y un después, gracias a su rechazó totalitario a la división entre especialidades académicas, ampliando así el concepto al de contienda política, que investigó mediante la mezcla de los enfoques estadístico y narrativo.

Tilly, junto a otros como Kriesi han defendido que no existen fronteras infranqueables, ya que “[…] los movimientos sociales y los sistemas políticos institucionales se constituyen mutuamente” (Funes, 2011:162) y, encontrándose apoyados por los movilizadores, convirtieron el campo de estudio en Movimiento-centrista tanto en la praxis como en su forma más teórica, oponiéndose a la teoría tradicional socioestructural y a la idea de que la contienda política está determinada por otros actores como los estatales, los medios de comunicación, los grupos de contramovimiento, la audiencia y los gobiernos extranjeros.

Lipsky, por su parte, también aportó información a la teoría movimiento-centrista, ya que de sus investigaciones se desprende la tesis de que el flujo y reflujo de la protesta debilita y permeabiliza el sistema político hacia las demandas de grupos concretos de movilización. Dicha tesis coincidió con la de Eisinger, quién demostró que “<<la incidencia de la protesta esta […] relacionada con la naturaleza de la estructura de oportunidad política de la ciudad>>, que definió como <<el grado en el que es probable que los grupos sean capaces de acceder al poder y manipular el sistema político>>” Tejerina e Ibarra, 1998: 89)

Las aportaciones de Lipsky y Eisinger convergieron en el modelo sobre el proceso político,  para analizar los movimientos sociales. Los defensores de este modelo conectaron la oportunidad política que podrían tener los insurgentes dependiendo de los cambios en la estructura institucional e ideológica de los que están en el poder; con la intensidad, ritmo y destino de los movimientos sociales.

En otras palabras, la relación entre las estructuras y acciones institucionalizadas y las formas de acción de los movimientos sociales, están íntimamente relacionadas, debilitándose o fortaleciéndose conjuntamente dependiendo de las oportunidades políticas e interactuando de forma dinámica y reciproca; tal y como señaló en sus escritos sobre las elecciones y los movimientos de oposición democrática, Mark Beissinger, a partir de los cuales podemos extraer que las elecciones aparecen, con bastante prominencia en la realidad de las contiendas, de tal forma que las elecciones y los movimientos de oposición democrática están íntimamente relacionados. Un ejemplo son las grandes manifestaciones que se dieron a partir de las últimas elecciones en Andalucía, concretamente en Sevilla, Granada y Málaga por parte de grupos antifascistas tras el auge de Vox en las elecciones.








































2.   Las oportunidades políticas y la estructura de oportunidad política

Antes de entrar en el tema del estudio y la relación entre los movimientos sociales y las elecciones, es necesario aclarar la importancia de la estructura de oportunidad política, pues de ella dependen los grupos y movimientos sociales para acceder al poder político o influenciarlo.

Dada la amplitud del concepto de “oportunidades políticas”, muchas veces se ha confundido con otros factores que facilitaban la actividad del movimiento en cuestión, incluso Gamson y Meyer, que denunciaron este hecho, cayeron posteriormente en la imprecisión del término al destacar la importancia de la cultura y criticar la atención que se le daba a las instituciones políticas y las relaciones entre actores políticos. Es más, Karl-Werner Brand estuvo de acuerdo con ellos y llevo a cabo una investigación sobre las “oportunidades culturales expansivas” que aumentaban las posibilidades de que un grupo o movimiento tuviese mayor repercusión que otro, sintetizando todas ellas en cuatro: la dramatización de la contradicción entre un valor cultural y las prácticas sociales coetáneas; las humillaciones imprevistas; las exageraciones sobre la ilegitimidad de un sistema y la posibilidad de que los insurgentes puedan reclamar y demandar en un nuevo marco.

Dada la confusión del término, varios autores han buscado especificar las dimensiones englobadas en el concepto de “estructuras de oportunidades políticas” y diferenciar la estructura institucional legal o formal de un sistema político, de la estructura informal de relaciones de poder que caracterizan a un determinado sistema.

Respecto a la primera dimensión, Brockett habla de los puntos de acceso significativos, Kriesi de la estructura institucional formal, Rucht del acceso al sistema de partidos y Tarrow de la apertura o cerrazón de la política.

Estos mismos autores también concretaron la segunda dimensión de la estructura de oportunidad política: Brockett señaló la presencia de aliados y la fragmentación de la elite y el conflicto, para Keriesei su perspectiva versaba sobre los procedimientos informales con respecto a un determinado desafío y la configuración del poder en relación a un determinado opositor, mientras que para Rutch es la estructura de alianza en relación a un opositor y la estructura de conflicto en relación a este; finalmente, para Tarrow, lo es la estabilidad de los alineamientos políticos y las divisiones dentro de la elite.

Las cuatro perspectivas expuestas, las sintetiza Doug McAdam en una lista de dimensiones de oportunidad política:

La primera, más cercana a la perspectiva de Tarrow se basa en la apertura o cierre relativos del sistema político institucionalizado; la segunda, a la estabilidad o inestabilidad de los alineamientos de la elite que subyacen a la política; el tercer punto, a la presencia o ausencia de elites aliadas y, finalmente, el cuarto, a la capacidad y la propensión del Estado a la represión, que no ha sido consensuada, ya que ninguno, aparte de Brockett, la ha incluido en sus perspectivas y es un aspecto importante que moldea el nivel y naturaleza del movimiento.

Hay dos dimensiones que no se han presenciado en la lista anteriormente nombrada: la de Brockett sobre la localización temporal en el ciclo de protesta y la de Rucht sobre la capacidad de implementación de políticas. La primera porque, a pesar de ser de gran importancia en la configuración del ritmo y destino de un movimiento, no es parte de una oportunidad política, es decir, se podría entender como un facilitador o una restricción temporal. La segunda, por ser un determinante del resultado final del conflicto político, que a menudo difiere de los que toma la acción colectiva y por tal de no confundir términos, es preferible dejarlo al margen. (Tejerina e Ibarra, 1998)[1]

Teniendo en cuenta tanto el desarrollo temporal de la acción colectiva como los resultados de la actividad del movimiento, podemos llegar a decir que ambos han sido calificados como variables dependientes principales de la variable explicativa clave, que no es otra que el concepto de estructura de oportunidad política.

No obstante, estas dos variables independientes, no son las únicas que abren todo el abanico de posibilidades sobre los fenómenos del movimiento atribuidos a los efectos de las oportunidades políticas. Ya que, por ejemplo, la forma del movimiento también aparece como otra variable, es decir, si colocamos en un polo los pequeños esfuerzos institucionales por reformar el sistema, y en otro las revoluciones, se podría observar una relación entre el tipo de movimiento y los cambios en las dimensiones de oportunidad política. En consecuencia, si la estructura institucional permite una influencia o acceso político a los grupos opositores, la estrategia que tomarán éstos será de reforma, lo mismo  ocurriría si existen aliados de los opositores en las elites de un sistema político; mientras que si se hace imposible entrar y se aumenta la represión, seguramente los movimientos opuestos tiendan a provocar una ruptura en el sistema de poder.

La diferencia básica entre las revoluciones y los movimientos reformistas es que las primeras están asociadas a trasformaciones generalizadas y profundas del sistema, tal y como se desprende de lo redactado en este punto; mientras que las segundas, modifican, únicamente, aspectos cuantitativos del sistema.

Continuando con las variables, nos encontramos con la localización temporal en el ciclo de protesta, que, como ocurre con la forma del movimiento, ésta se encuentra separada de la oportunidad política, pero no deja de ser una variable más que define la trayectoria y evolución que tendrá un movimiento, ya que, por ejemplo, si un movimiento nace como iniciador de un ciclo de protesta, éste provoca un impulso para el surgimiento de movimientos beneficiados que se inspiran en el primero.

En este punto quedan claras todas las variables que condicionan e influyen los movimientos sociales; entre ellas se encuentran los propios movimientos iniciadores, que tal y como se ha expresado, modifican la trayectoria de los beneficiados, a raíz de ello no resulta escandaloso entender que también son los propios movimientos sociales los que crean oportunidades (Gamson y Mayer: 1996)[2]










































3.   Los movimientos sociales también crean oportunidades.

Hasta ahora parece que los analistas de los movimientos sociales se han centrado casi en exclusividad en las variables que influyen en el ritmo, forma, consecuencias y destinos de los movimientos sociales, dejando de lado el papel, no poco importante, que han tenido los propios movimientos sociales en los cambios y reformas de las estructuras institucionales alrededor del globo y a lo largo de la historia.

Las oportunidades políticas y los movimientos sociales se influyen mutuamente, ya que éstas restringen y facilitan al mismo tiempo la acción colectiva de un amplio espectro de grupos opuestos al poder político; provocando que aquellos que puedan beneficiarse, al menos por un tiempo, de dicha estructura tengan mayor capacidad de actuar radicalmente y aprovecharse de las oportunidades brindadas, poniendo en funcionamiento cambios en las leyes o en la organización política que sirvan para re-estructurar las bases del sistema. Esta re-estructuración reforma al mismo tiempo la estructura de oportunidades políticas que actuara ahora sobre los grupos contrincantes con nuevas restricciones y posibilidades para la acción, un hecho muy visible es cuando un movimiento social adquiere la fuerza necesaria como para entrar en el sistema electoral y desde esa posición se convierte en estructurador de toda oportunidad para los nuevos opositores y simpatizantes. 

La experiencia social a demostrado que esta barrera que parecía unidireccional, es realmente permeable y bilateral, al igual que sucede entre los movimientos sociales y las elecciones, cuya relación estrecha y correlativa tampoco se ha tenido en cuenta hasta estudios recientes, complementando con las nuevas aportaciones, el análisis sobre la contienda política de una forma mucho más amplia.

En efecto, la relación teórica general entre las elecciones y la dinámica de los movimientos sociales no se ha tenido en cuenta hasta que algunos académicos han demostrado de forma directa que las elecciones son una fuente de oportunidad o amenaza política para los movimientos sociales.

Por lógica y en general, en la literatura tradicional, las elecciones están ausentes en los estudios de movimientos sociales y lo inverso, ya que son pocos los estudiosos que unen ambas debido a que las ciencias políticas siempre se han centrado en las instituciones y en la política institucional, así como por su atención exclusiva en las dimensiones cognitivas de la elección electoral.









4.    Cuatro modos de conectar movimientos sociales y elecciones

La influencia mutua entre las elecciones y los movimientos sociales, es obvia en la práctica, tal y como se ha mencionado con anterioridad, a pesar de que muchos de los estudiosos de ambos campos ignoran o no prestan atención teórica a este fenómeno, aun siendo cierto que los movimientos utilizan formas de acción no-rutinarias, en los países democráticos, muchos de los movimientos dedican todos sus esfuerzos en cambiar la perspectiva o ideología de la población y a organizar y presionar mediante tácticas institucionalizadas para modificar el resultado de las elecciones.

Hay cuatro procesos que conectan el movimiento social con las elecciones.

En primer lugar, se encontraría la táctica de los movimientos sociales para convertirse en una opción electoral.
Hay que recordar que muchos movimientos sociales optan, al final, por tomar el poder mediante los medios electorales o avanzar mediante estos. Su caso más extremo son los llamados Estados-movimiento, es decir, movimientos sociales que de forma democrática, con el apoyo de las masas sociales, han llegado al poder mediante las elecciones, como ocurrió con Hitler y Mussolini, o si queremos ejemplificar un caso más actual, hablaríamos de Venezuela y Bolivia. En el caso Español, el partido político Podemos, también parece haber tomado el poder electoral a partir del movimiento social del 15M.

De todas formas, sin llegar a tal extremo, los partidos políticos que provienen, simpatizan o  se relacionan con movimientos sociales también pueden alcanzar influencia suficiente como para modificar la política nacional, sobre todo en los sistemas políticos en los que varios partidos se sitúan en el poder sin que haya una mayoría de escaños en uno de ellos (Sistemas multipartidistas). También en las elecciones primarias  los movimientos sociales adquieren mucho poder, sobre todo cuando son abiertas o semiabiertas, dependiendo siempre de la fuerza en masas sociales que éstos tengan.

Otro tipo, son los certámenes electorales, cuya elección recae sobre todos los votantes cualificados, es decir, un reducido porcentaje.  Este es el caso de las juntas escolares, los ayuntamientos y otras elecciones locales, que permiten una gran influencia por parte de los movimientos, sobre todo en lo que a cargos se refiere.

En segundo lugar, cuando los movimientos sociales se encargan de aumentar su actividad en el contexto que rodea una campaña electoral, ya sea porque la ven como facilitadora de avance o como amenaza de su desarrollo, es lo que se denominada “movilización electoral proactiva”. No obstante, existen grupos que no experimentan un auge en la cantidad de actividades a realizar durante una campaña, hecho que se suele dar cuando el movimiento  percibe las elecciones como algo irrelevante para su objetivo e identidad por lo que permanecen inactivos o con actividad normal durante el contexto de campaña.

En tercer lugar, si bien se puede dar una movilización electoral proactiva, es decir, aquella cuya actividad aumenta en la campaña de las elecciones, también se puede dar una movilización electoral reactiva, que tal y como indica el adjetivo último, se trata de una reacción  a través de protestas tras unas elecciones disputadas. Este sería el caso actual de Venezuela  o del caso español sobre las protestas en Andalucía tras el auge de vox en las elecciones.

Este tipo de procesos es muy común en sociedades no-democráticas por la intimidación de los votantes y el fraude electoral, ya que están mucho más generalizados.

Existe, como ya se ha explicado con anterioridad, una conexión entre las elecciones y los movimientos sociales y esta conexión se da, además, en el tiempo entre la actividad de los movimientos sociales y las elecciones programadas que se desarrolla en un marco temporal mucho más amplio, en consecuencia, los procesos  de movilización y desmovilización se vuelven más graduales si los cambios en las elecciones son más duraderos.  De esta manera, si se establece un régimen electoral duradero, aquellos grupos afines a ese régimen gozaran de mayor poder político, mientras que sus opositores comenzarán a movilizarse con mayor fuerza. Finalmente,  aquellos grupos que se encuentran  desplazados a los márgenes de la política porque no son ni opositores ni simpatizantes, tienden a la desmovilización por falta de motivación.

A continuación se simplifica un ejemplo de  acción reactiva llevada a cabo por movimientos y grupos sociales que se dio hace poco en España, tras el auge del partido de ultraderecha en el sur del país.























5.   Una contienda electoral

La contienda electoral, en palabras de Funes, es: El conjunto de relaciones recurrentes entre las elecciones y los movimientos sociales que condicionan fuertemente la dinámica de los movimientos y los resultados electorales. [3]

El ejemplo de Andalucía tras las elecciones para el parlamento andaluz es un claro de movimiento social reactivo.
Las noticias informaban de la gran manifestación convocada el lunes por la irrupción de Vox en el parlamento autonómico con 12 escaños.

Uno de los partidos opositores, que ya había realizado trabajo proactivo en el contexto de campaña, se alza como simpatizante de los movimientos sociales antifascistas, concretamente en Sevilla donde la coalición de izquierdas Adelante Andalucía (Podemos e Izquierda Unida), ha conseguido más escaños, celebrando así la manifestación más numerosa convocada con el lema “Andalucía no es lugar para el fascismo”.
En Granada, según fuentes de la Efe, la concentración ha agrupado a unos 500 participantes, aunque a medida que ha avanzado la tarde, las mismas fuentes han elevado a 4.000 el número de manifestantes, cortando calles y desviando el tráfico. Esta concentración a modo de protesta a sido convocada por grupos antifascistas, los mismos grupos ideológicos que han convocado una manifestación  en Málaga, junto a colectivos feministas, el LGTBI y grupos de izquierda.
Las acciones de protesta llevadas a cabo son tradicionales, tales como manifestaciones, concentraciones y sentadas, en las que han coreado frases contra la entrada de Vox en el Parlamento andaluz del tipo: "Vuestro odio no cabe en nuestras calles", "Vosotros, fascistas, sois los terroristas", "No olviden cambiar la hora, a las dos será 1936" o "380.000 andaluces han votado que volverían a fusilar a Lorca".
Estas actuaciones son de acción reactiva, más típicos de países no-democráticos dada la corrupción en las elecciones y el descontento por los resultados electorales, por lo que se hace curioso ver su presencia en España.
Este ejemplo actual de movilización tiene como rasgo característico el uso de las redes sociales motivando a los usuarios de las mismas a la acción y organización en las protestas convocadas. El uso de esta herramienta de difusión e información ha llamado la atención a quienes estudian tanto las elecciones como los movimientos sociales.[4] Gamson y Meyer ya recalcaron la importancia del papel de los medios de comunicación en la estructura de movilización, incluyéndolos en el marco de oportunidad política.






















6.   Conclusiones

Los nuevos avances en investigación de los movimientos sociales demuestran que realmente no existe una influencia unidireccional entre las estructuras de oportunidad política y los movimientos sociales, sino que ambos se influyen de manera correlativa, provocando un avance social a partir de las demandas de los grupos de presión, las reformas institucionales y los asedios al poder por fuerza social.

En definitiva, no existe un avance sin choque ni barreras infranqueables y unidireccionales, incluso a nivel global el flujo de innovación que trae consigo una revolución acaba provocando movimientos de masas en otra parte del mundo o una reforma en las oportunidades políticas.

Por tanto, si se quiere ampliar el estudio de la contienda política, no se puede dejar de lado el análisis de la conexión existente entre todas las fuerzas sociales  que luchan entre sí por una organización y planificación de la sociedad que les beneficie en el alcance de sus objetivos.


7.   Bibliografía.

Funes, M. (2011). A propósito de Tilly: conflicto, poder y acción colectiva. 1r ed. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, pp.161-178.

Adam, D.,McCarthy, J. y Zald, M. (1999). Movimientos sociales, perspectivas comparadas oportunidades políticas, estructuras de movilización y marcos interpretativos culturales. 1r ed. España: Ediciones Istmo, pp.89-107.

Miles de personas salen a la calle en varias ciudades de Andalucía contra Vox. (2019). Recuperado de: http://www.rtve.es/noticias/20181203/miles-personas-salen-calle-varias-ciudades-andalucia-contra-vox/1848081.shtml


[1] En relación al capítulo 4 del libro Movimientos sociales, perspectivas comparadas oportunidades políticas, estructuras de movilización y marcos interpretativos culturalesen el que habla sobre Doug McAdam .
[2] Hago referencia a una cita del libro “Movimientos sociales, perspectivas comparadas oportunidades políticas, estructuras de movilización y marcos interpretativos culturales”, concretamente del capítulo “orígenes conceptuales, problemas actuales, direcciones futuras” en la página 103.
[3] Capitulo 7: Movimientos sociales, elecciones y política contenciosa: construyendo puentes conceptuales. Situada en la página 165. Funes, M. (2011). A propósito de Tillyconflicto, poder y acción colectiva. 1r ed. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas,

[4]  Información extraída de la página 177, del libro  A propósito de Tilly: conflicto, poder y acción colectiva del final del capítulo 7º que dice así “En  tercer lugar, tanto quienes estudian  las elecciones como los movimientos sociales han empezado a prestar atención seriamente a internet como herramienta de movilización” sobre la conexión  existente entre las elecciones y los movimientos sociales.

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