
Se trata de un texto extenso a pesar de intentar ser sintético, puesto que se hace un recopilatorio histórico desde la Roma clásica hasta la Guerra Fría, por lo que la calidad del texto disminuye en el aspecto dialéctico (queda casi a modo esquemático). No obstante, espero que este hecho no tergiverse el objetivo del texto que no es otro que darnos cuenta de que la economía neoliberal del libre comercio sin regulación estatal es idílica y de que siempre ha existido una lucha de clases que ha llevado a aplicar nuevos modos de producción cuando se han agudizado las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, en una continua búsqueda de la justicia social.
A pesar de que el primer código de protección social se encuentra en el
Código de Hammurabi, en Mesopotamia (Siglo XVIII) abriré este breve y esquemático
paseo por la historia con dos citas sobre Roma obtenidas del capítulo 5 del
libro “Estado de Bienestar, Cohesión social Europea y Derechos de ciudadanía. Orígenes,
tendencias, riesgos y amenazas” de
Rubén Darío Torres Kumbrián, Ángeles Martínez Boyé y Jesús Pérez viejo. Libro
que vertebra todo este texto.
“Roma impuso a los emperadores
romanos la obligación de distribuir comida entre los más necesitados, no como
obligación jurídica sino como una forma de mantener el orden público” […] “La caída del imperio romano y sus esquemas
de cultura, economía, derecho, sociedad e instituciones implica que, desde el
siglo IV al VIII, toda la articulación social este basada en la lucha por la
subsistencia y la generación de mecanismos de ayudas comunitarias mutuas”.
Con estas dos citas entendemos que en este modo de producción, el esclavista,
las ayudas no eran estatales, sino que dependían de una red de ayuda solidaria
entre las capas sociales más azotadas por la pobreza.
Avanzamos un poco más, hasta la entrada de los musulmanes, que instauran
donaciones caritativas voluntarias en el Zakat y Sadqt, con una reivindicación
al apoyo y la asistencia a los pobres, manteniendo a los huérfanos y las viudas
(lo marca el islam). El cristianismo, por su parte, también apoya la caridad
como método de ayuda a las clases desfavorecidas, así lo predica Santo Tomás,
quien impone la caridad, la liberalidad y la justicia en la tradición católica,
pudiendo ser general, legal y social. Tomás, también distingue entre la
justicia distributiva, basada en la distribución a la comunidad por parte del
Estado; y la conmutativa (mercantil), para salvaguardar los derechos de la
propiedad privada, como por ejemplo, la que corresponde al vasallaje
(pertenencia de un vasallo a una propiedad siendo parte de esta y teniendo que
pedir permiso (para los movimientos que se hiciesen) y pagando al señorío a
cambio de seguridad)
Este cambio del esclavismo al feudalismo, sobre todo determinado por
avances en la producción (nuevas herramientas), se expresa en
esta nueva forma de relación de producción
ya citada (el vasallaje), que conforma un nuevo modo de producción, el
feudal. En este momento, los esclavos disminuyen y aumentan los
vasallos, continuando
el poder en manos de quién tiene los medios de producción.
Respecto a las ayudas sociales, “La
solidaridad comunitaria rural actúa como red primera de provisión de
necesidades últimas” ante la dificultad de supervivencia ocasionada por las
malas cosechas, la peste y las hambrunas.
Alta
Edad Media. Surgimiento de las Ciudades
Se han mejorado los instrumentos de trabajo y la productividad, con lo
que surge la extensión y dominación de los territorios a partir de la
Reconquista. Los nobles que acompañaban a los caudillos y reyes son pagados con
territorios conquistados y se convierten en el vértice político,
administrativo, económico y de justicia del territorio a cambio de esa
fidelidad y colaboración en campañas de guerra.
El poder, las propiedades privadas productivas, se encuentran en manos
de la nobleza, esto genera posteriormente una contradicción con el creciente
poderío burgués en cuanto a las restricciones sociales y económicas de los
señoríos, con lo que el Rey cambia sus prioridades y desecha la idea de que los
nobles sean el vértice de poder de los territorios conquistados.
En las ciudades, los gremios son los únicos que establecen un sistema de
imprevistos para solventar la ausencia de demanda, la vejez, la enfermedad,
etc. Además, son los burgueses los que poco a poco, con el aumento del poder
económico, van adquiriendo poder político, hasta llegar a crear las cortes en
las que se juntan con el clero y los nobles con la intención de representar las
ciudades. La principal misión del representante es defender los privilegios
concedidos a los burgueses en lugar de la defensa de los ciudadanos.
Dado que los burgueses acaparan el poder económico y cada vez más el
político en las ciudades como representantes de éstas; las urbes adquieren un
rol hegemónico, a nivel económico, político e intelectual. Representándose esta clase
social en la lonja y la universidad, esta última compartida con el clero que pasa del
monasterio y la iglesia rural a la catedral. También se constituyen los
ayuntamientos y la audiencia.
En este contexto, la burguesía desatiende a los necesitados, como
también lo hacen los nobles, quedando tal tarea en manos de la iglesia y de los
gremios en tiempos de peste negra, enfermedad que redujo la población un 25%,
de peste bubónica y de predicadores que señalan como culpables a los judíos y
árabes que vivían en las tierras conquistadas.
El contexto general es devastador, la muerte acecha las calles, las
ayudas no llegan y las redes de solidaridad no son suficientes. Muchos
ciudadanos se lanzan a los argumentos de los predicadores como a un clavo
ardiendo y acaban formándose terribles conflictos sociales.
La Edad Moderna, el Descubrimiento de América
Los
reyes católicos apuestan por devolver el orden a España sin perder sus
previlegios y sin cambiar el modo de producción, sobre todo
con el descubrimiento de América, que llena las arcas económicas del
Estado.
Se inicia así la inquisición para evitar la entrada de corrientes
positivistas, científicas, políticas y comerciales. Al mismo tiempo que se superpone a las teorías de los predicadores.
Se repueblan las ciudades devastadas por las enfermedades y los conflictos
sociales mediante la entrada de población judía y árabe sometida que acabaran
por formar levantamientos ante tal situación de injusticia que les conllevara a
la expulsión.
La reorganización política recae en la monarquía autoritaria, que limita
el poder de los burgueses, nobles y claro, dando, al mismo tiempo, acceso a la
propiedad de las tierras a 50.000 agricultores (pequeños propietarios) que
corresponden a otro tipo de burguesía.
Humanismo y Renacimiento
Los Reyes pasan de tener poder por gracia de Dios a tener poder
político, permitiéndoles elegir a los obispos, cardenales y priores a cambio de
que luchen por la homogeneización de la religión cristiana.Pero la pobreza invade de nuevo las ciudades y cada vez es más difícil
contener las ideas provenientes de Europa, así, aumenta el hacinamiento de
pobres debido a que ha desaparecido la red de solidaridad primaria y existen,
además, muchos campesinos sin tierra, gente sin gremio u oficio que se ven como causantes de su
propio fracaso, con lo que su poder organizativo y revolucionario decrece hasta
llegar a la anomia, que acaba, sin alternativa, en la mendicidad y la
delincuencia. Su nula capacidad de transformación no evita el conflicto social, justo
por haber sido empujados a la miseria.
Evidentemente, el hacinamiento no decrece porque no hay medidas que
eviten la situación de progresiva exclusión, con lo que la “limpieza de pobres”
de las ciudades, se vuelve inefectiva. Este hecho mueve a buscar alternativas,
así, Juan Luis Vives estudia la exclusión y la pobreza y obtiene un coste de manutención
con la idea de transformar la situación y no solo analizarla. Busca ayudas
económicas, personales y materiales a partir de esos costes analizados y se
convierte en referencia de otros reformadores que piensan en tomar diversas
medidas como fueron el trabajo obligado, el salario y la formación para niños y
pobres que les permita entrar en un gremio o tener un oficio.
Crisis económica y pobreza en el siglo de oro
La caída del nivel de oro americano que llega a Europa crea una gran
crisis económica, con lo que España pierde su papel hegemónico que se va viendo
materializado en el reconocimiento de las independencias (Portugal y Países Bajos),
en el fracaso de la batalla de los 30 años contra los protestantes, llamada
“paz de Wetfalia” siendo la religión protestante, típica de la nueva clase
social (burguesía), la que adquiere relevancia y critica ante la religión
dominante hasta entonces. Así, toman fuerza Inglaterra, Francia y Holanda al
sacar flotas comerciales con América y superando a España.
Bajo este contexto, de reforzamiento de la cultura burguesa y de la economía mercantil, solo es
necesario tomar el poder político para comenzar un nuevo modo de producción: el
capitalismo.
Hay que tener en cuenta que las revoluciones son pasos cualitativos
compuestos de múltiples pasos cuantitativos (siento el inciso). A lo largo del
texto se puede ver mínimamente como la burguesía ha ido, poco a poco,
presionando a la clase dominante a la hora de conseguir concesiones (pasos
cuantitativos) pero finalmente, el cambio de modo de producción sin reformas,
sino como transformación del sistema, implica un cambio cualitativo, una
revolución (no me he detenido en las revoluciones anteriores)
La Revolución Francesa (siglo XVIII)
Nos encontramos ante las contradicciones que darán lugar a que estalle
la revolución.
Tenemos, por un lado, las nuevas necesidades económicas y mercantiles,
representadas por las ciencias aplicadas y la razón cartesiana y kantiana que
rechazan la filosofía tomista (Santo Tomás) y las antiguas relaciones sociales
de dependencia económica y política. También chocan, con las limitaciones en la
rentabilidad, en el mercado y en la cobertura económica a muchas familias y a
las nuevas empresas emergentes en las ciudades, ya que la tierra seguía en
manos de la nobleza, con escasa productividad a pesar de las novedades en los
instrumentos de trabajo y todo ello fruto de las relaciones de vasallaje y
servidumbre en el campo.
Aunque no solo en el campo, pues la actividad creciente en las ciudades
estaba encorsetada en las condiciones de los gremios, que imponían los precios
del trabajo y decidían que mano de obra se admite y que no, así como los
precios políticos que encarecen y dificultan el mercado creciente de los burgueses
y artesanos exitosos.
No se salva tampoco alguno que otro rasgo cultural. La actitud aristocrática
sobre la indignidad del trabajo para los nobles se convierte en un
posicionamiento socialmente inaceptable para los ricos burgueses que se dedican
al comercio.
Así, empiezan a reclamarse nuevas formas de relación social, de sistemas
de organización industrial.
Surgen las reformas, como una solución esperanzadora ante la alternativa
de cambio de sistema, la idea de parchear un modo de producción agonizante y de
alargarlo lo máximo posible, impidiendo su evolución, es decir, parchearlo para
frenarlo.
Los reformistas españoles toman protagonismo en el reinado de Carlos II,
criticando al antiguo régimen feudal del campo y gremial de las ciudades,
aunque, en realidad, son de menor calado social y de tientes más estéticos que
prácticos, por lo que no llega a una transformación social. Desde la revolución
francesa hasta la lucha por la independencia habrán de pasar años y el intento
de ocupación de Napoleón, para que generen un nuevo estatus de soberanía
nacional y de ciudadanía colectiva plasmada en la Constitución de Cádiz.
La búsqueda de mejoras económicas y de mayor poder social les lleva a
aliarse con la monarquía absoluta (despotismo ilustrado). Además, algo muy
curioso es que empieza a surgir el efecto periferia industrializada frente a la
meseta agrícola y administrativa, debido a que son las costas de Cataluña las
que bañan la industria de hilado y tejido de algodón, así como lo son las
costas de Cádiz respecto al desarrollo mercantil.
Las contradicciones se agudizan bajo un adversario común: la nobleza
feudal, que aglutina la mayor parte de la propiedad de la tierra y la masa
social demográfica (campesinos), con lo que burgueses y artesanos en el
comercio, ilustrados y campesinos pobres y sometidos, plasman las condiciones
de la revolución.
La expresión de la revolución “libertad, igualdad, fraternidad” para
“todos” implica la superación del pacto con la monarquía absoluta y la
apropiación de la soberanía nacional por el pueblo a través de la Revolución
Francesa.
Tras la revolución, es notoria, de nuevo, la división entre los propietarios y los no propietarios en cuanto al derecho de
elegir y ser elegido, pues dejaba fuera a la mayor parte de la población en el
amito de la representación y la elección de los puestos políticos.
La ciudadanía y el derecho de ésta, aparece aquí, poco a poco, para replantearse
la situación de los económicamente insolventes y sus derechos civiles y
políticos. Por ejemplo, La Poor Law, trataba los derechos de los
pobres no como parte integral del derecho de los ciudadanos, sino como
sustituto de ellos, así, se convierte en un estigma que acompaña la
beneficencia pública, una expresión de los sentimientos profundos de gentes que
entendían que quienes aceptaban la beneficencia debían cruzar la senda que
separa la comunidad de los ciudadanos de la compañía de los proscritos de la
sociedad.
A las puertas de la revolución industrial
(siglo XIX)
Durante este siglo, más o menos, es cuando se materializa la consolidación
de los regímenes parlamentarios eliminando las monarquías o reconduciéndolas
hacia monarquías constitucionales parlamentarias. Además, se asientan las bases
de los derechos sociales pero se negaba expresamente o no se admitía
definitivamente el principio de los derechos sociales como parte esencial del
estatus de ciudadanía.
La ciudadanía centra su referencia en los derechos individuales, que
afectan a todos los miembros de la comunidad, pero a su vez hace referencia a
la propiedad de lo público, que afecta a la totalidad de los miembros de la
comunidad. Es un status que se otorga a los miembros de pleno derecho de una
comunidad y todos los que poseen ese estatus son iguales en lo que se refiere a
derechos y deberes.
El concepto de ciudadanía ya fue defendida contra el feudalismo, contra
esos privilegios de los nobles e integra
a todo el pueblo, por lo que resulta la clase más beneficiada de este concepto,
así, la mano de obra disponible para su negocio no tiene límite de vasallaje
feudal, los derechos de paso para sus mercancías no estarán obligados a pasar
el peaje señorial, la explotación de los recursos tendrán limite en la
propiedad de los mismos pero no en la sumisión de propiedad y limitación
feudal. Puesto que el concepto de ciudadanía no desemboca en un proceso
colectivo que niegue la desigualdad económica, sino que ésta se acepta como
algo natural que se produce y es constitucional al sistema competitivo de
mercado libre.
No obstante, el poder burgués proviene y provendrá de las grandes masas
de trabajadores, por lo que poco a poco se va teniendo consciencia de que el
poder político, la democracia política, precisaba de un electorado educado y la
productividad de la manufactura científica necesitaba de trabajadores y
técnicos cualificados. Por ello, la educación de los niños se impone
obligatoria por lo social y no solo por lo personal de darse cuenta de que su
cultura es una unidad orgánica y su civilización un patrimonio nacional. La educación
pública fue un arma de doble filo, así como fue necesaria para la nueva clase
explotadora, lo fue también para crear el camino hacia la consecución de los
derechos sociales de siglos adelante.
Revolución Industrial
Se desarrolla en el siglo XIX con tres factores científicos de base
claves que se producen en el siglo XVIII, puesto que como ya he señalado al inicio
del texto, a pesar de tener que hacerlo esquemático, debemos tener en cuenta
que en la realidad histórica hubo yuxtaposición de modos de producción, de formas
de pensar, de avances, de influencias, etc. La contradicción es parte de la evolución.
Uno de estos factores fue el coque (Carbón mineral calcinado) que
sustituyo a la madera dando fuerza a las
instalaciones siderúrgicas, que se trasladan de los bosques a los yacimientos
mineros de hulla, mejorado las infraestructuras urbanas con puentes, grandes
edificaciones…
Otros de ellos, están compuestos por las maquinas de hilar, de tracción animal
o por la fuerza del agua, que suponen un aumento de la productividad y de la
calidad de transformación del trabajo existente en el sector. Dejando a muchas
familias sin un aporte sustancial para su vida.
Especial es también la mule de Samuel Crompton y La máquina de vapor, que aplicada a aquellas
actividades que precisan una fuerza energética continua y abundante, se ahorra
un 60% respecto a otros combustibles de la época, con impacto mundial sobre
todo en el transporte (ferrocarril)
Como puede observarse, el cambio en las relaciones de producción y de
los instrumentos de producción que vuelven a armonizarse, favorecen un avance,
el avance que anteriormente, mediante reformas y parches se estaba intentando
evitar.
Los cambios en la producción llegan a las ciudades y a las relaciones de producción, apareciendo el éxodo
rural y el aumento de las ciudades que generan un flujo no ordenado a los
contextos industriales, sin equipamientos físicos, urbanos, colectivos, ni
condiciones contractuales, jurídicas, salariales, organizativas o laborales
equilibradas. Las Jornadas fabriles son
de 12 horas, con falta de seguridad y salubridad. Exigencia productiva y
generadoras de despidos autonómicos sin compensación alguna, migraciones,
novedades productivas, imprevisión de acomodo vital para las masas y ausencia
de servicios públicos, desentendimiento de los poderes institucionales.
Esta situación de pobreza, la explotación y la situación de expulsados
de los puestos de trabajo a los 3 años de entrar a trabajar, dejándole sin ingresos
y a su suerte, genera un conflicto social que demanda ayudas similares a los
sistemas de jubilación e invalidez, así como propuestas de cobertura de
seguridad social en algunos países europeos.
Bajo la explotación capitalista, el proletariado surge como clase
opuesta a la clase burguesa y los movimientos sociales y políticos del siglo
XIX evolucionan desde planteamientos teóricos – filosóficos a sistema
organizativos con base ideológica proveniente no sólo de los ingredientes de la
ilustración sino de aportaciones marxistas (socialismo utópico, socialismo
anarquismo, comunismo) que favorecen la movilización en todos los países
europeos, que piden y consagran el
derecho a huelga, el sufragio universal y la extensión de la legislación social
(seguridad y orden público).
Si hacemos un análisis breve y simple de algunos países europeos como
Francia, Alemania y Gran Bretaña (los más industrializados) encontramos que:
En Francia, donde es innata la revolución de 1792, 1848 y la Comuna de
Paris de 1971, se acordó el derecho de huelga en 1864 y se instaura la III
república que impulsa medidas y legislación laboral y social tras la derrota de Prusia por parte de
Napoleón III. Entre otros se encentrarían la prohibición y restricción del
trabajo infantil (1864), la creación de la inspección de trabajo (1874), la ley
que impide el despido discrecional (1890), responsabilidad de la empresa por riesgo
de trabajo (1898), impuesto sobre la renta (1914), la Ley de obligatoriedad en
la escuela para los niños, laica y gratuita con ideales de la ilustración (necesidad
industrial)
En el imperio Alemán, en el Reichstag del Káiser Guillermo se puso en
marcha una política social de seguros a la enfermedad (1883), a los accidentes
de trabajo (1884) y a la invalidez y vejez (1889)
Gran Bretaña (monarquía liberal parlamentaria) aborda la cuestión con
reformas, así, en Reino Unido, las organizaciones sindicales adquieren un
protagonismo a través de su participación en organismos públicos y otras
entidades consagradas a la cuestión social, y que dieron origen a la
legalización de organizaciones de trabajadores y a la legislación en los
ámbitos laboral y de protección social, consiguiéndose la Reforma electoral
(1867), la Ley de funcionarios que instaura el concurso público de acceso a la
función pública (1870), la Ley de enseñanza obligatoria (1870), Representantes
de los trabajadores como candidatos al parlamento británico (1871), Derecho a
huelga (1875), entre otros muchos.
Los conflictos bélicos y las crisis económicas del capitalismo
concentran la tensión e inseguridad social ante la política, la economía y las
instituciones, poniéndolas en cuestión.
El auge de modelos alternativos y
revolucionarios amenaza con hacer saltar el modelo de sociedad de mercado y
revolución industrial incipiente.
El mensaje revolucionario aumenta la audiencia entre las capas de
obreros y artesanos, los partidos socialistas critican las limitaciones
liberales porque los derechos civiles y políticos no se pueden plasmar en la
realidad sin materializar sus bondades a través de derechos sociales concretos
que mejoren las condiciones de vida de los trabajadores.
La presión de los sindicatos y los partidos de base obrera, debido a la
propaganda revolucionaria y la situación
real, hace surgir las primeras reglamentaciones estatales sobre el trabajo, sus
condiciones de salubridad y duración de jornada, limitaciones al trabajo
infantil en las fábricas y primeras pensiones de jubilación. Es decir, la institucionalización
de la cuestión social con relevancia global fue de la mano de las organizaciones
sindicales y socialistas que ejercieron presión a los Estados. Además, aparece
la necesidad de una legislación laboral y social como corrección al efecto
anárquico de la evolución de los mercados no regulados, que exige la
intervención, también, en el sacta sanctorum del sistema (la economía).
El liberalismo económico de Adam Smith basado en el apriorismo de que la
búsqueda del propio interés de cada ciudadano es el mejor ligamento social no
lograría superar el nivel de desigualdad.
Mientras tanto, la lucha de los Estados-nación por la pugna de hegemonía
comercial, especialmente atlántica en relación con las colonias americanas
sigue su curso natural de competencia entre burguesías.
Conflicto social,
desigualdad y pobreza alimentan las demandas sociales y nacionales de los imperios
y de todos los ámbitos políticos que no tiene un alto nivel de cohesión social.
Siglo XX: Roosevelt,
Keynes, Ford, Beveridge.
El modelo de Estado de
Bienestar entra en Europa consolidando los derechos sociales después de la
segunda guerra mundial, con los cambios políticos, económicos y geoestratégicos.
Se han producido
acontecimientos necesarios para el consenso del Estado de Bienestar de los años
50 se pueda materializar en el ámbito europeo:
Por una parte, las
crisis económicas sucesivas de 1900, 1906 y 1913 de las que se sale
mecánicamente y que dejan secuelas graves, como las crisis de superproducción,
desequilibrios…
La Gran Guerra dejo 10
millones de personas muertas y daños incalculables en ciudades y tejido
productivo a pesar de que la victoria fuese para los aliados frente a las Potencias
Centrales, que firman la paz en el Tratado de Versalles, tratado que se limita a cargar con fuertes condiciones
económicas y políticas a los perdedores, sin arbitrar ningún mecanismo de
recuperación política y económica.
Las imposibles
reparaciones económicas de guerra de los vencidos provocan que la industria alemana reclame una política
económica capaz de favorecer las exportaciones y aliviar las deudas de la
industria y el peso de las reparaciones de guerra. Así, Alemania adopta el
Reichsmark que sustituye al marco y se abre una nueva etapa monetaria y
financiera que permitió reducir el desempleo y la conflictividad social, aunque
el espejismo dura poco, pues ocurre el Crack bursátil de 1929 en Nueva York que
genera un colapso económico mundial.
Final de la Primera Guerra Mundial, los sistemas de seguros sociales se
expanden por Europa y la protección social pasó a formar parte de los programas
de la OIT. Continuando con el retroceso económico y de condiciones sociales que
supuso la guerra y que no comienza a
corregirse hasta 1922, gracias a los efectos de los avances tecnológicos como
la electricidad en la aplicación industrial, el motor de explosión para el
automóvil y el petróleo.
Este avance de los años 20 provoca que la intervención pública en la
economía se repliega de nuevo y los negocios particulares atienden las demandas
de la población.
La anarquía en la producción no tarda en detonarse en una crisis: la Gran
Depresión, el desplome económico de 1929 en Nueva York, que afecta a todo el
sistema y supera el carácter local de las crisis económicas anteriores. América
y Europa se ven brutalmente afectadas y el primer efecto de la ruptura
económica es la devertebración social (pérdida de empleo, quiebras...)
Mientras tanto, y frente al contexto de crisis global, existe una referencia alternativa preocupante
para los gobiernos y empresarios occidentales: la revolución comunista de Rusia
que había estallado en 1917 y que en
1922 ya estaba consolidada e internacionalmente admitida y cuya economía
centralizada y socializada no estaba condicionada por las crisis
características del sistema capitalista.
El impacto propagandístico sobre los movimientos obreros y partidos de
izquierda azotaba la sociedad de muchos países europeos, según sus gobiernos y
empresarios y es que, la primera guerra mundial y el crack del 29 habían roto el espejismo de crecimiento sostenido y
garantía económica en el que estaba instalada la población de los países más
avanzados, en lugar de estos castillos en el aire, se alzaba el caos, la tensión
política, el conflicto social, la depauperación de inmensas capas de población
y la ausencia de cobertura vital, especialmente alimentaria y sanitaria (entre
30 y 50 millones de estadounidenses no tenían asistencia sanitaria) que acabaron favoreciendo las luchas sociales
en búsqueda de un Bienestar social alternativo, similar al que se propagaba con
las ideas marxistas y se iba materializando en los soviets.
La búsqueda desesperada por salir de la crisis en la que se había
hundido el sistema capitalista lleva a varios caminos:
Por un lado, la contestación social de los sindicatos y partidos obreros
con organizaciones más potentes, libertad de expresión y reunión facilitan la
difusión de sus mensajes y la alternativa ideológica anticapitalista
(revolución rusa de fondo).
Por el otro, el Estado liberal, ante la revolución rusa, decide hacer
concesiones mínimas en la provisión de fondos que atiendan las necesidades
materiales de la población más desfavorecida y de los trabajadores que por
edad, deben abandonar su trabajo (seguros, pensiones, oferta educativa y
sanitaria, asistencia social y beneficencia). Un ejemplo de ello es el Nuevo
Contrato (New Deal) de Franklin Delano Roosevelt, del partido Demócrata que gana
las elecciones de 1932 al presentar en el programa que el Estado no puede
limitarse a funciones de gendarmería y orden publico sino que debe intervenir,
para preservar, en política económica y social.
Y finalmente, la salida de autoritaria de sistemas políticos que
evolucionan hacia el paternalismo autoritario y
posteriormente el nazismo o el fascismo.
En el caso de Alemania, productora de carbón y acero (clave para el
equipamiento militar) crece económicamente tras la crisis pues tiene todas las
nuevas tecnologías para hacerlo, como se ha citado en párrafos anteriores.
Los sistemas fascistas, en general, se caracterizaron por las grandes
inversiones públicas en infraestructuras que encuadran las demandas de empleo,
el éxito electoral y la seguridad pública, pero siempre a través de un recorte en libertades y una
drástica represión, anestesiada por la dinámica expansionista económica y
político-militar.
El conflicto de fuerzas estalla en la Segunda Guerra Mundial, con la
victoria de los aliados sobre las dictaduras, pero no solventa los problemas
extremos de los desastres bélicos y la conflictividad social por sí misma. Así, el Plan Marshall, la Comunidad Europea del Carbón y el Acero
(posteriormente sería la Comunidad Económica Europea, antecedente de la Unión
Europea) y el pacto del Estado de Bienestar (Welfare Estate) intentan frenar la
lucha interna.
La Teoría de John Maynard Keynes
economista inglés, supone una reforma favorable para las democracias
capitalistas, pues critica a la miopía del Tratado de Versalles por agravar
económica y políticamente a los perdedores de la primera guerra mundial; y reclama reformas, como el aumento del gasto
público y el incentivo de la demanda y el consumo correspondiente, que
configurarán la base originaria del nuevo Estado de Bienestar compartido
económica y socialmente.
Keynes rompe con la ortodoxia económica neoclásica y se convierte en un
clásico que inspira la política económica y social de la socialdemocracia y que
recibirá los principales embates con la globalización actual y la
internacionalización económica, inasible e incontrolable para el sistema
estatal.
Demuestra que la intervención del Estado es necesaria porque el mercado
no se autorregula pro sí mismo, al mismo tiempo que tiene en cuenta que al proletariado
no se le puede oprimir en caso de estar organizado, pues tiene una fuerza
imparable por lo que le da concesiones, pues el miedo a una revolución, como la
ocurrida en Rusia, todavía amenaza. No obstante, Keynes no ofrece ayudas
sociales a cambio de un debilitamiento de las libertades, como ocurre en las
dictaduras fascistas, sino que las aumenta por vía de los derechos sociales y
la extensión del sufragio a las mujeres. La Intención de que esta reforma sea
acogida por las masas populares y llegue al poder por vía democrática mediante
partidos representantes de los trabajadores y con altas conexiones con los
sindicatos se ve materializada.
Llegan al gobierno en algunos países del norte de Europa (más cercanos a
la experiencia de la revolución bolchevique) los partidos socialdemócratas
(pactos para el Estado de Bienestar). Beveridge, define así el Estado de
Bienestar como aquel sistema que cubre las necesidades del ciudadano desde la
cuna a la tumba y diseñó para el gobierno laborista de Reino Unido las
instituciones fundamentales a través de las cuales se concreta.
El Estado de bienestar no solo hizo de frente neutralizador ante la
guerra fría mediante grandes inversiones estatales facilitaron la implementación
de políticas keynesianas que generaban trabajo en las canteras publicas de
empleo, propiciaban el sistema de pacto y cobertura social para contratación de
gran cantidad de empleados públicos y mejorando las condiciones sociales de la
población trabajadora, sino que frenó a sus mayores enemigos: sectores políticos y sindicales más radicales,
pues esa era su principal objetivo.
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