En los años 80 los Estados Unidos gastaron más de 2.300 billones de dólares en seguridad militar. Cerca de 46 de cada 100 dólares de nueva inversión fueron destinados a la economía militar.
No obstante, la adición de un complejo industrial y militar no fue la salvación total de la economía, pues posteriormente a la guerra, la economía se vio permanentemente afectada por el desempleo tecnológico continuado en los años 50 y 60, como resultado de la irrupción de la automatización industrial. Los nuevos productos (televisión y los electrodomésticos) ayudaron a amortiguar la situación y generaron empleos para trabajadores sustituidos por las máquinas en otros sectores. Concretamente, el sector de servicios también creció de forma significativa, en parte para ocupar el espacio dejado por millones de mujeres que habían dejado el hogar para trabajar en la industria. Los gastos gubernamentales siguieron siendo fuente de creación de puestos de trabajo.
La guerra fría y la guerra de Vietnam llevaron a un flujo creciente de recursos hacia las industrias relacionadas con la defensa, asegurando la expansión económica y el empleo para muchos de los que, de otro modo, hubiesen quedado sustituidos por las nuevas tecnologías. Hacia mediados de la década de los 70, más del 19% de la totalidad de los trabajadores estadounidenses desempeñaban su trabajo en el sector público, con lo que el gobierno se convertía en el mayor empresario de los Estados Unidos.
Las nuevas realidades económicas del próximo siglo hacen difícil que el propio mercado de consumo o el sector público sean, de nuevo, capaces de rescatar la economía del creciente desempleo tecnológico y de una demanda debilitada. Las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones amenazan con la pérdida de decenas de millones de puestos de trabajo en los próximos años con el lento declinar del trabajo en determinadas empresas y sectores económicos.
Si bien es cierto que muchos de los productos y servicios de la era de la información envejecen e inutilizan los servicios y los productos tradicionales, requieren un número de trabajadores mucho menor para poder producirlos, los esfuerzos de las empresas por crear nuevos mercados tan solo obtienen éxitos marginales por la simple razón de que las mismas fuerzas económicas y tecnológicas que condicionan a la economía americana también afectan a la economía mundial. Así, tanto en Europa como en Japón y en cada vez mayor número de países desarrollados, la reingeniería y la automatización sustituyen, aceleradamente a la mano de obra y reducen la demanda efectiva en muchos países.
La ecuación menos trabajadores, más automatización y más beneficios empresariales se traduce en menos capacidad adquisitiva de la economía en general, con una progresiva reducción de los posibles mercados y de las ganancias.
Ante esta situación de desempleados que no controlan la automatización y las nuevas máquinas, nos podemos hacer una pregunta ¿Sirve la reeducación o los “cursos de reciclaje” para encontrar trabajo?
En un estudio realizado en 1993, por el departamento de Trabajo, se demostró que tan sólo una cifra inferior al 20% de los que siguen programas de reeducación federales eran capaces de encontrar nuevos empleos en los que recibían, como mucho, un 80% de sus antiguos salarios. Así, los pocos buenos empleos disponibles en la nueva economía tecnológica global están en el sector del conocimiento.
De acuerdo con las conclusiones del estudio “Adult Literacy in America” en la actualidad, uno de cada tres adultos en los Estados Unidos es práctica, parcial o completamente analfabeto. Más de 20 millones de americanos son incapaces de leer o tienen un nivel de lectura inferior al 50%. Existen 35 millones adicionales que tienen un nivel inferior al correspondiente a noveno grado. El educador Jonathan Kozol apunta que “las calificaciones necesarias para los puestos de trabajo de cualquier tipo, excepto para los empleos democráticos para terceros, empiezan en niveles equivalentes a noveno grado ``. Para estos americanos, la esperanza de ser reeducados o escolarizados, para llegar a obtener un puesto de trabajo en la élite del sector del conocimiento, es prácticamente una quimera. e incluso si los programas de reeducación y de reciclaje a gran escala fuesen puestos en marcha, no existirían suficientes puestos de trabajo de alta tecnología en la economía automatizada del siglo XXI como para llegar a absorber el gran número de trabajadores despedidos.
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