El TECNOPARAÍSO BAJO EL CAPITALISMO ¿LA TÁCTICA DE LA ZANAHORIA DELANTE DEL BURRO O UN FUTURO POSIBLE?
En la Edad Moderna, la idea de una futura utopía tecnológica ha servido como elemento de guía de la sociedad industrial. Durante más de un siglo, los soñadores utópicos, así como los hombres y mujeres dedicados a disciplinas científicas como artísticas, han planteado un mundo futuro en el que las máquinas sustituirían a los seres humanos, creando así una sociedad sin trabajo plena de abundancia y tiempo libre.
En ninguna parte del mundo se ha aceptado de forma apasionada la visión tecnoutópica como en los Estados Unidos, y en ellos se centra este artículo.
La transición de un sistema de vida rural a uno industrial fue el elemento generador de un nuevo contexto social para el florecimiento de una visión mecanicista del mundo. Así, la maquinaria se convirtió poco a poco en una fuerza comercial y junto al cambio económico se entornicio una superestructura de apoyo, es decir, se transformó en emblema cultural a lo largo del último cuarto de siglo pasado. De hecho, uno de los más famosos filósofos y matemáticos, Rene Descartes, fue de los primeros en hablar del mecanicismo, es decir, de avanzar la idea radical de la naturaleza como máquina. Descartes despojaba a la naturaleza de su vivacidad, reduciendo tanto la creación como sus criaturas a simples analogías matemáticas y mecánicas. Incluso llegó a describir a los animales como “autómatas sin alma” cuyos movimientos eran ligeramente diferentes de los de un muñeco automático que podía estar bailando sobre un reloj de cuerda de Estrasburgo.
El “Marco tecnológico de referencia”, se convirtió en característica permanente de la vida americana, centrando las generaciones sucesivas en una visión del mundo que glorificaba la cultura de la máquina y hacía que cualquier cosa viva y que formase parte del mundo orgánico apareciese con naturaleza tecnológica. En la nueva era, los seres humanos empezaron a pensar en sí mismos como herramientas, como meros instrumentos de producción. La nueva autoconvicción reforzó el modus operandi de una emergente economía industrial cuyo primer objetivo de negocio era el de ser productiva. En menos de 50 años, la visión tecnológica ha logrado convertir las masas americanas de un papel inicial de soldados de a pie al servicio del noble en factores de producción, y de seres humanos creados a imagen y semejanza de Dios en herramientas diseñadas a imagen de las máquinas.
¿Qué ha ocurrido entonces, la religión desapareció o cambió de Dios?
Lo cierto es que la vieja visión cristiana de la salvación eterna quedó mitigada por las nuevas creencias relativas a un paraíso terrenal. Los nuevos dioses eran los científicos y los técnicos, quienes, en razón de su ingenio y de su experiencia, podían obrar milagros y ayudar en diferentes facetas en un reino milenario gobernado por los rigurosos cálculos matemáticos y por los experimentos científicos. Como consecuencia, el público en general pudo empezar a mirar con ilusión el día “en un futuro no muy lejano” en el que pudiesen lograr entrar en la nueva utopía, un mundo tecnológico en el que sus esperanzas y sueños podrían ser finalmente realizados.
El apóstol más importante del reino de las nuevas tecnologías fue Edwuard Bellamy, entre otros escritores populares de ciencia ficción, como George Morrison y Robert Thurston, ambos ingenieros civiles de profesión o el constructor de trenes Charney Thomas y el prominente inventor King camp Gillette. Estos utópicos tecnológicos escribieron sobre lo que podría ser la vida cotidiana en el nuevo Eden. Prácticamente todos sus relatos incluían descripciones de las diferentes máquinas preparadas para realizar los nuevos trabajos y ahorrar tiempo de fabricación, máquinas que iban a liberar a las personas dándoles mayor disponibilidad de tiempo libre. En definitiva, todos ellos mezclaron con pleno éxito la noción cristiana de la salvación eterna con el ethos del utilitarismo americano obteniendo, con ello,una nueva y poderosa síntesis cultural. La idea de que la ciencia y la tecnología, espoleadas por una nación de trabajadores creyentes y dedicados, basados en la moderna ética del trabajo, que nos dirigirán hacia un reinado terrestre de grandes riquezas y ocio, sigue actuando como paradigma para el gobierno económico y social.
Mientras que las novelas de bolsillo se afanaron por difundir la “buena nueva”, convirtiendo, con ello, incontables lectores a sus visiones tecnológicas, fue realmente la organización de las ferias mundiales lo que entusiasmaba a las masas de América. Algunas de ellas tuvieron lugar en los Estados Unidos y atrajeron a millones de visitantes, muchos de ellos tuvieron ocasión de probar y experimentar con aparatos e instrumentos relacionados con temas ya avanzados por los escritores de ficción de la época. El mensaje básico fue que la ciencia y la tecnología avanzaban continuamente hacia nuevas fronteras, domando a la fiera, domesticando las fuerzas de la naturaleza, dirigiendo los distintos talentos de los seres humanos y acondicionando la cultura a los modelos solicitados por el credo de la ingeniería.
Durante los años de la depresión de la década de los 30, las ferias y exposiciones mundiales asumieron un papel todavía más importante. Conscientes del desempleo creciente y de la agitación social, las organizaciones de estas exposiciones estaban ansiosos por encender los espíritus y los sentimientos del público americano, por lo que empezaron a emplear estas ferias con la finalidad de transmitir la idea de que las nuevas utopías estaban a nuestro alcance.
A día de hoy seguimos creyendo que el avance tecnológico bajo el capitalismo puede favorecer y facilitar nuestras vidas, a pesar de observar el aumento del paro y la precariedad por la sustitución del hombre por la máquina, así, siendo cierto aquello de que se necesita menor gasto para alcanzar mayor productividad, el reparto desigual de la riqueza aumenta la brecha de clase y muchos de nosotros nos lanzamos contra molinos de viento llamados inmigración, okupas, delincuentes, sector público, impuestos, alta natalidad, crisis…
Comentarios
Publicar un comentario