Desde el principio de los tiempos, las civilizaciones han quedado estructuradas alrededor del concepto de trabajo. Desde el hombre cazador y recolector del Paleolítico y el agricultor sedentario del Neolítico hasta el artesano del medievo y el trabajador de cadena de producción de nuestros tiempos.
En la actualidad, el trabajo humano está siendo eliminado del proceso de producción, así, en menos de un siglo, el trabajo masivo de los sectores de consumo quedará probablemente muy reducido en casi todas las naciones industrializadas.
Algunos de nuestros líderes más importantes, así como economistas más representativos, nos dicen que las cifras del desempleo representan ajustes a corto plazo producidos por importantes fuerzas del mercado que llevan a la economía mundial hacia una tercera revolución industrial.
Millones de trabajadores se mantienen escépticos ante este tipo de afirmaciones, pues cada semana más y más empleados se enteran de su despido inminente.
-En Estados Unidos las empresas suprimen más de 2 millones de puestos de trabajo al año. En Los Ángeles, el First INTERSTATE Bank Corp reestructuró sus operaciones eliminando 9000 puestos de trabajo, equivalentes a más del 25% del total de su masa laboral.
- En Columbus, Indiana, Arvin Industries perfeccionó la automatización de su cadena de montaje de componentes de automoción, lo que implicó una reducción cercana al 10% en el número de empleados.
-En Danbury, Connecticut, Union Carbide procedió a la reorganización de sus funciones generando con ello una reducción en los costes cercana a los 575 millones de dólares hacia 1995 y fueron eliminados más de 13-900 puestos de trabajo, cerca del 22% de los totales existentes. la compañía espera recortar un 25% más de empleados, antes de terminar su propia “recreación” como empresa, en los próximos dos años.
-GTE despidió recientemente a 17.000 empleados. NYMEX Corp anunció que iba a afectar a 16.800
-Pacific Telesis ha reducido en más de 10.000 el total de puestos de trabajo.
-En Alemania, Siemens ha procedido a despedir a 16.000 empleados en todo el mundo en tan solo tres años.
-En Suecia, la cooperativa de alimentación con sede en Estocolmo, ICA, una empresa de 7.900 millones de dólares de facturación, ha modificado sus actividades y fue capaz de despedir, en tan sólo tres años, a más de 5.000 empleados, o lo que es equivalente, un 30% del total de su fuerza laboral mientras que los ingresos crecían en más de un 15%.
-En Japón, la empresa de telecomunicaciones NTT hizo públicas sus intenciones de recortar 10.000 empleos en 1993 y anunció que, como consecuencia de su programa de reestructuración, acabaría por recortar unos 30.000 puestos de trabajo- equivalentes a un 15% del total.
Además, existen estudios actuales en los que se muestra que menos del 5% de las empresas en el mundo han iniciado su transición hacia la cultura de la máquina. En Europa, donde el incremento en los costes laborales parece ser el responsable del estancamiento de la economía y de la pérdida de competitividad en los mercados mundiales, las empresas se apresuran a sustituir su mano de obra por las nuevas tecnicas de la información y las telecomunicaciones. En los EE.UU. los costes laborales de los últimos ocho años se han más que triplicado en relación al coste de las inversiones en equipamiento (aunque los niveles salariales no han podido mantenerse al nivel de la inflación, sino que de hecho han bajado).
¿Son, pues, las empresas, las creadoras de empleo? No, éstas, necesitadas de recortes en los costes y de mejoras en los márgenes de beneficios, las empresas no han dudado en sustituir a sus trabajadores por máquinas a un ritmo muy acelerado.
Solo algunos empleos se crean en el contexto de la economía, estos corresponden a los sectores peor pagados y en general, sobre la base de contratación temporal.
¿Quiénes se van a ver más afectados por la reestructuración?
En el proceso, se eliminan puestos tradicionales de dirección, se concentran categorías laborales, creando equipos multidisciplinarios de trabajo, se instruye a los empleados en distintas habilidades, acortando y simplificando los procesos de producción y de distribución y perfeccionando los procesos administrativos. Los resultados han sido impresionantes en los Estados Unidos, la productividad global se incrementó en un 2,8% en 1992, el mayor aumento registrado en las dos últimas décadas. Este enorme incremento en la productividad ha representado fuertes reducciones en la masa laboral. Michael Hammer, primer impulsor de la reestructuración de los procesos empresariales, afirma que la reestructuración produce normalmente como resultado una disminución del 40% de los empleos de una empresa y del 75% en su masa laboral. Los mandos intermedios son el nivel más afectado en ese proceso.
En las primeras fases de los procesos de reestructuración en curso, algunos estudios al respecto predicen una pérdida de hasta 25 millones de personas entre la masa laboral en el sector privado sobre un total que podría hallarse alrededor de los 90 millones de trabajadores.
Se prevé el paso de una sociedad aparentemente aristotélica, cuya fisonomía se asemejaba a la de un diamante, al ser más amplias las capas de clase media que las de clase alta y baja; a una sociedad dual, en la que se ve claramente la diferencia entre ambas clases sociales: el proletariado y la oligarquía económica.
¿De quién es la culpa de la pérdida de puestos de trabajo?
Durante la mayor parte de la década de los años 80, estaba de moda el culpar por la pérdida de puestos de trabajo en fabricación en los Estados Unidos (y Europa por lo menos) a la competencia extranjera y a la mano de obra barata de los países de ultramar. Sin embargo, recientemente, los economistas han empezado a revisar sus puntos de vista a la luz de nuevos estudios en profundidad en el sector manufacturero americano. Notables economistas como Paul R. Krugman de MIT y Robert L. Lawrance de la Universidad de Harvard sugieren que “ la preocupación ampliamente difundida en los años 50 y 60 sobre el hecho de que los trabajadores industriale perderían sus puestos de trabajo debido a la automatización, se acerca más a la realidad que la preocupación actual por la supuesta pérdida de puestos de trabajo como consecuencia de la competencia extranjera”.
¿Qué debemos esperar pues, de este proceso hacia la dualidad de clases enfrentadas por sus propios intereses?
John Sculley, antiguamente en Apple Computer, piensa que la “reorganización del trabajo” puede resultar tan masiva y desestabilizadora como la que se dio durante la revolución industrial. “Este puede resultar el mayor problema con implicaciones sociales de los próximos 20 años”. Hans Olaf Henkel, consejero delegado de IBM Deutschland, advierte: “Hay una revolución en marcha”.
157 años después de que Karl Marx recordase a los trabajadores del mundo que debían unirse, el francés Jacques Attali, uno de los ministros del presidente Francois Mitterrand y consultor especializado en asuntos relativos a la tecnología, proclamó, con total seguridad, el final de la era de los trabajadores de ambos sexos. “Las máquinas son el nuevo proletariado”, “ a la clase trabajadora se le está dando el pasaporte”.
¿Qué soluciones se proponen a nivel económico sobre la recuperación de empleo?
Mientras el trabajador industrial queda marginado del proceso económico, muchos economistas y políticos electos siguen manteniendo esperanzas en que el sector de servicios y el trabajo de “cuello blanco” sean capaces de absorber los millones de trabajadores desempleados en busca de trabajo. sus esperanzas tienen muchas probabilidad de no llegar a cumplirse.
Diversos analistas de política de empresa reconocen que las grandes empresas modifican a la baja sus plantillas de trabajadores pero argumentan que las pequeñas compañías toman el testigo contratando a los empleados afectados. David Brich, investigador asociado al MIT, uno de los primeros en sugerir que el nuevo crecimiento económico en la era de las tecnologías punta es conducido por las pequeñas empresas, así, más del 88% de los puestos de nueva creación se produciría en pequeñas empresas. Esta opinión y estos datos fueron citados por los economistas conservadores de la era Reagan-Bush. Sin embargo, estudios recientes han desacreditado el mito de que las pequeñas empresas son potentes motores del crecimiento del empleo en la era de las altas tecnologías.
¿Qué parte positiva tienen las nuevas tecnologías?
La introducción de tecnologías más sofisticadas, con sus ganancias implícitas en productividad, supone que la economía global puede producir una mayor cantidad de bienes y servicios empleando, para ello, un porcentaje significativamente menor de masa laboral. Entramos pues, en un nuevo periodo de la historia, en la que las máquinas sustituyen a los seres humanos en los procesos de fabricación, venta, creación y suministro de servicios.
La idea de una sociedad no basada en el trabajo resulta tan extraña respecto a cualquier idea que podamos tener sobre la forma de organizar a muchas personas en todo social armónico, que nos vemos enfrentados con la perspectiva de tener que replantearnos las bases mismas del contrato social comúnmente aceptadas.
En Europa el temor al incremento en los niveles de desempleo crea cierto desazón social,asi como la aparición de movimientos políticos de corte neofascista en Alemania, Italia y Rusia que ven a la fuerza de trabajo extranjera como enemiga y frenan los movimientos socialistas, evitando que esa desazón social afecte a la elite económica.
Por primera vez en la historia moderna muchos seres humanos podrían quedar liberados de un gran número de horas de trabajo, y así adquirir una mayor libertad para llevar a cabo más actividades de tiempo libre. El hecho de que nos espere un futuro de utopías o realidad depende de como queden distribuidas las ganancias en la productividad durante la era de la información. Una distribución justa y equitativa de las mejoras en la productividad requeriría una reducción a nivel mundial en las horas de trabajo semanales y un esfuerzo conjunto entre todos los gobiernos centrales para generar empleos alternativos en el tercer sector. Si, a pesar de todo, no se reparten las enormes ganancias de productividad, resultado de la revolución propiciada por la alta tecnología, sino que se emplean principalmente para aumentar los beneficios de las empresas, para otorgar mayores dividendos a los accionistas, para retribuir mejor a los altos ejecutivos de las multinacionales, así como para la emergente elite de trabajadores implicados en los nuevos conocimientos de alta tecnología, las probabilidades de que las crecientes diferencias entre los que tienen todo y los que no tienen nada conducirán, sin duda, a disturbios sociales y políticos a escala internacional.
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